(REVISTA EL PILAR, Zaragoza) - El mandato apostólico de Cristo ”Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación“ (Mc 16, 15) resuena siempre en la Iglesia de todos los tiempos, como su primera finalidad, en obediencia fiel a su Señor. Pero la pregunta es siempre: ¿Cómo hacerlo hoy? Porque está claro que evangelizar al hombre post-moderno de hoy, al que recientemente se declara ateo, al que quiere apostatar su bautismo ya recibido, al anti-teista que no quiere creer, no es lo mismo que hacerlo en otros tiempos que no conocían estos desafíos.
Debemos partir de un hecho, reconocer una realidad: Que muchos hombres, en medio de nuestras ciudades, de Zaragoza, no han sido evangelizados. De esta realidad parte también el Papa Benedicto XVI, cuando en un encuentro reciente con párrocos de Roma (26-2-09), les decía: «Me alegra oír que se hace realmente este primer anuncio, que se va más allá de los límites de la comunidad fiel, de la parroquia, buscando las ovejas perdidas; que se intenta ir hacia el hombre de hoy que vive sin Cristo, que ha olvidado a Cristo, para anunciarle el Evangelio».
Muchos en la Iglesia están confundidos al pensar que esto ya lo hace la parroquia, con tantos grupos y reuniones, y celebraciones. Pero a lo que se refería el Papa —en su diálogo con los párrocos- es algo completamente nuevo, y que en sus palabras podría definir bien lo que es el Camino Neocatecumenal: «Junto con la Palabra, me parece importante la presencia de un lugar de hospitalidad de la fe, un lugar en el que se hace una experiencia progresiva de la fe. Y aquí veo también una de las tareas de la parroquia: ofrecer hospitalidad a quienes no conocen esta vida típica de la comunidad parroquial. No debemos ser un círculo cerrado en nosotros mismos. Tenemos nuestras costumbres, pero de cualquier modo debemos abrirnos e intentar crear también vestíbulos, es decir, espacios de acercamiento. Uno que estaba alejado no puede entrar inmediatamente en la vida formada de una parroquia, que ya tiene sus costumbres. Para él, de momento, todo es muy sorprendente, lejano de su vida. Por tanto, debemos tratar de crear, con ayuda de la Palabra, lo que la Iglesia antigua creó con los catecumenados: espacios donde se pueda empezar a vivir la Palabra, a seguir la Palabra, a hacerla comprensible y realista, correspondiendo a formas de experiencia real.»
Recientemente Benedicto XVI – que había conocido el Camino Neocatecumenal cuando era profesor en Tubinga a través de algunos estudiantes y, favorablemente impresionado, había ayudado a introducir esta experiencia en Alemania – ha guiado el proceso que ha llevado recientemente a la aprobación definitiva de los Estatutos del Camino (en Junio del año pasado), reconociéndolo como ”una modalidad de realización diocesana de la iniciación cristiana y de la educación permanente de la fe“, (“Estatuto del Camino Neocatecumenal, art.1).
En la diócesis de Zaragoza, el Camino Neocatecumenal está presente desde hace más de 30 años en algunos casos, en las parroquias de San Braulio, Santa Mónica, San José de Calasanz, San Valero y Ntra. Sra. del Pilar, y cuenta con equipos de catequistas, dispuestos a evangelizar y guiar nuevas comunidades, tanto en la propia como en otra parroquia, en que los respectivos párrocos lo pidan (“Estatuto del Camino Neocatecumenal, art.17. 3).
En este año no podemos dejar de dar gracias al Señor, porque en la diócesis de Zaragoza, en esta Pascua de 2009, D. m., renovarán solemnemente su bautismo 2 Comunidades Neocatecumenales, pertenecientes a las parroquias de San Braulio y Santa Mónica, de Zaragoza, en la Vigilia Pascual celebrada por el Sr. Arzobispo en la Basílica del Pilar: los neocatecúmenos renuevan solemnemente las promesas bautismales en la Vigilia Pascual, presidida por el Obispo. En esta liturgia visten las túnicas blancas en recuerdo de su bautismo (“Estatuto del Camino Neocatecumenal, art. 21.2).
Frente a muchos hombres que están solos, que no encuentran sentido a la vida, la Iglesia les ofrece, a través del Camino Neocatecumenal, una oportunidad para vivir la fe en comunidad, de escuchar la Buena Noticia del Evangelio, que es capaz de regenerar interiormente al hombre más destruido, ya que para Dios nada hay imposible, yendo más allá de los límites de la comunidad fiel —como decía el Papa-, para buscar a la oveja perdida.
Salvador David (Pbro.); Jon Uríen y Marisa Eguren (Equipo itinerante del Camino Neocatecumenal en Aragón)



