( ALBA )- Los padres nos enfrentamos a un considerable problema con la tecnología y la relación que nuestros hijos tienen con ella. Todo esto de los ordenadores nos supera ampliamente porque no lo hemos vivido. Es algo nuevo con lo que tenemos que convivir y, en ocasiones, sufrir. Saber si tenemos un hijo que abusa de la tecnología es un primer paso para evitar la adicción.
Detectar el problema es complicado porque no sabemos cómo enfrentarnos a las nuevas tecnologías. En realidad, ni siquiera nos planteamos que el móvil, el ordenador y todos esos aparatos que con tanta soltura manejan nuestros hijos puedan suponer un problema. Más bien lo vemos como una solución y pensamos que ellos están plenamente incorporados a la sociedad moderna porque no se quedan atrás en estas modernices.
Por eso, muchas veces pensamos que nuestros hijos abusan de estos aparatos, pero no le damos mayor importancia; nos parece relativamente normal. Mientras tanto, los chavales, y los no tan chavales, también se dan cuenta de que dependen en exceso del móvil o el ordenador pero no les preocupa demasiado, y lo ven como algo normal que les permite integrarse en el grupo. Al final acaban pensando que todo está dentro de la normalidad. Y precisamente esa ausencia de suspicacia, hacia una situación que se empieza a ir de las manos sin que los afectados se den cuenta, es lo que debe preocuparnos.
Luis, un padre preocupado de Asturias me preguntaba hace unos días en una charla que impartí en el colegio de su hijos sobre tecnoadicciones, cómo era posible saber cuando su hijo estaba en peligro de convertirse en adicto. Le respondí que lo primero es saber diferenciar entre uso, abuso y adicción, que no son lo mismo.
Uso, abuso y adicción
El uso es la utilización racional que hacemos de los ordenadores, ya sea para trabajar, estudiar o divertirnos. El abuso es pasarnos un día varias horas frente a la pantalla jugando, chateando o haciendo otras cosas. En ese caso estaremos malgastando nuestro tiempo. La adicción es más compleja y sí que es un grave problema. Se presenta cuando los chavales, o los adultos, abusan de forma continuada, sienten una intensa necesidad de utilizar el ordenador o cualquier otro aparato tecnológico, experimentan un inmenso placer mientras están conectados y se deprimen, aburren o están incómodos si están desconectados. Esta adicción conlleva su correspondiente síndrome de abstinencia. Es algo que en estos momentos está estudiando la Sociedad Médica Americana, que espera poder emitir un dictamen en las próximas semanas sobre las adicciones a la tecnología.
Como siempre hay que utilizar el sentido común, al menos los padres porque los adolescentes suelen carecer de él. Hace unos meses en una reunión con empresarios en Sevilla una de ellas me contaba que había pillado a su hija hablando con su ”noviete“ por el móvil a las cuatro de la madrugada. Ella vive en Granada y él en Barcelona. A esta madre no le parecía raro que su hija hablase por el móvil a las cuatro de la madrugada cuando en realidad la niña, de quince años, debería estar durmiendo; y quizá pensando en otras cosas más de su edad, pero eso es una cuestión de la educación que cada padre pretenda dar a sus hijos. En cualquier caso, hiciese lo que hiciese, la niña no descansaba y está claro que al día siguiente no iba a rendir en el colegio. . Y si los padres consideramos que esto es una actitud normal, el hijo nunca se percatará de que está tomando unos hábitos dañinos para él mismo.