(L’Osservatore Romano) – En un comunicado difundido hoy por el Pontificio Consejo para los Laicos se expone que “La aprobación definitiva del estatuto constituye, sin duda, una importante etapa en la vida de esta realidad eclesiales, nacida en España en 1964. Este acto ha exigido varias consultas a distintos niveles. Durante el periodo de aprobación ad experimentum del estatuto, el Pontificio Consejo ha tenido el modo de constatar los numerosos frutos que el Camino Neocatecumenal aporta a la Iglesia en vista de la nueva evangelización, mediante una praxis catequético-litúrgica y valorada en sus más de cuarenta años de vida. Por lo tanto, tras una atenta revisión del texto estatutario y tras realizar algunas modificaciones que han sido consideradas necesarias, el Pontificio Consejo para los Laicos decidió conceder la aprobación definitiva del estatuto”.
En un audiencia mantenida con miembros del Camino Neocatecumenal el 12 de enero de 2006, le Papa les dijo: “vuestra acción apostólica tiende a insertarse en el corazón de la Iglesia, en total sintonía con sus directrices y en comunión con las iglesias particulares en las que vais a ir a servir, valorando la riqueza de los carismas que el Señor ha suscitado a través de los iniciadores del Camino”.
Más recientemente, el 17 de mayo, con ocasión de un seminario de estudio para los obispos, organizado por el Pontificio Consejo para los Laicos, el Papa afirmó que: “los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades son una de las novedades más importantes suscitadas por el Espíritu Santo en la Iglesia para la puesta en práctica del Concilio Vaticano II” y recordó que sus predecesors Pablo VI y Juan Pablo II supieron acoger y discernir, animar y promover la imprevista irrupción de las nuevas realidades laicales que, “en formas distintas y sorprendentes, volvían a dar vitalidad, fe y esperanza a toda la Iglesia”.
En esta perspectiva, “es de auspiciar -concluye el comunicado del Pontificio Consejo para los Laicos- que el estatuto del Camino Neocatecumenal, aprobado ahora en forma definitiva, pueda ser un instrumento válido al servicio de esta realidad eclesial, para que siga contribuyendo al bien de toda la Iglesia“.


La Iglesia está presente en los acontecimientos más importantes de la vida, acompañando a las personas que se acercan a Dios en los momentos más importantes de la existencia humana: en los felices (matrimonio, bautismo, confirmación) y también en los dolorosos (pecado, enfermedad, muerte). Por la Iglesia, el Dios del Amor, visible en Jesucristo, se acerca a cada uno para darle sentido y esperanza.
