En días pasados el Papa Benedicto XVI recibió en audiencia a los miembros del tribunal de la Rota Romana con ocasión del inicio del año judicial. Como es costumbre el Papa les dirigió iluminadas palabras. Siguiendo la tradición de sus antecesores, el Papa tocó un tema muy importante para el quehacer de los tribunales eclesiásticos. El Romano Pontifice habló sobre la relación de la verdad, la caridad y la justicia en los procesos de nulidad matrimonial. Puede ser que resulte extraño a nuestros lectores dichas palabras referidas a un proceso tan popular y tan desconocido a la vez. Pero siendo un proceso basado en testimonios sobre hechos pasados, los abogados y jueces pueden sentir la tentación de falsear la verdad y quebrar la justicia con el fin de practicar una caridad un tanto equivocada.
Me explico: los que hemos tenido la oportunidad de trabajar con casos de nulidad matrimonial tenemos que escuchar historias de fracasos conyugales, en verdad desgarradores. La tragedia de un matrimonio roto deja hondas secuelas de dolor y frustración en los esposos. Muchas personas con las que trabajamos han iniciado ya una nueva unión y su conciencia les apremia a buscar una salida a su situación irregular. La mayoría de las veces los casos se ajustan a las causales de nulidad contemplados en el Código de Derecho Canónico, y el único trabajo de abogado y jueces consiste en recopilar las pruebas de tales causales. Lee el resto del artículo
(ACI) – La Congregación para la Doctrina de la Fe dio hoy a conocer la Constitución Apostólica “Anglicanorum coetibus”, sobre la institución de Ordinariatos Personales para los anglicanos que entran en plena comunión con la Iglesia Católica. En el comunicado se precisa, además, que la disciplina sobre el celibato sacerdotal no ha variado en modo alguno.
La Santa Sede ha anunciado la pronta publicación de una Constitución Apostólica con la cual se creará un Ordinariato personal para acoger a los obispos, presbíteros y fieles anglicanos que han solicitado la plena comunión con la Iglesia Católica. Múltiples factores de orden teológico, jurídico y disciplinar justifican el nacimiento de una nueva estructura jurídica que combina dos conceptos ya existentes en la legislación canónica: por un lado está el Ordinariato, una figura equiparada a la diócesis, que vio la luz con la Constitución Apostólica Spirituali Militum Curaem, en 1986 para la atención pastoral de las fuerzas armadas y por otro lado el criterio ”personal“ que se parece al escogido cuando se erigió la única Prelatura Personal existente, la del Opus Dei. Generalmente las diócesis están circunscritas a un territorio delimitado dentro del cual el obispo, como pastor propio, ejerce su triple función sacerdotal, mientras que el criterio personal hace referencia a una cualidad de los fieles que son puestos bajo el cuidado pastoral del Ordinario.
(Orlando Díaz Márquez — CAMINAYVEN.COM) ”La Iglesia celebra cada año el misterio de este amor tan grande hacia nosotros, exhortándonos a tenerlo siempre presente. A la vez nos enseña que la venida de Cristo no sólo aprovechó a los que vivían en el tiempo del Salvador, sino que su eficacia continúa, y aún hoy se nos comunica si queremos recibir, mediante la fe y los sacramentos, la gracia que él nos prometió, y si ordenamos nuestra conducta conforme a sus mandamientos“ (De las cartas pastorales de san Carlos Borromeo, obispo – Acta Ecclesiae Mediolanensis, t. 2, Lyon 1683, 916-917) 

(ORLANDO DÍAZ MÁRQUEZ — CAMINAYVEN.COM) -El c. 342 puede ayudarnos a tener una idea clara sobre el significado de esta reunión de obispos que tendrá lugar en Roma a partir del 5 de octubre próximo. ”El sínodo de los Obispos es una asamblea de Obispos escogidos de las distintas regiones del mundo, que se reúnen en ocasiones determinadas para fomentar la unión estrecha entre el Romano Pontífice y los Obispos, y ayudar al Papa con sus consejos para la integridad y mejora de la fe y costumbres y la conservación y fortalecimiento de la disciplina eclesiástica, y estudiar las cuestiones que se refieren a la acción de la Iglesia en el mundo“.
(CAMINAYVEN.COM) – Dios nos ha creado libres. Esta verdad defendida sin tregua por la Iglesia y proclamada en todos los rincones del mundo. Dios ha querido dejar al hombre solo ante sus decisiones y opciones, no ha querido manipular ni conducir la historia como un titiritero que mueve los hilos del poder con un interés egoísta.
Como todos sabemos el pasado 13 de junio en el Pontificio Consejo para los Laicos se hizo entrega del decreto por medio del cual se aprobaban definitivamente los estatutos del Camino Neocatecumenal. El acontecimiento tiene una importancia singular, después de trascurrido el quinquenio de la etapa ”ad experimentum“ la autoridad eclesiástica, después de consultar los dicasterios implicados, ha aprobado de forma definitiva dichos estatutos.
Siguiendo con el tema de nulidades matrimoniales, quiero dedicar estas líneas a los costos económicos de dicho proceso. Ya hemos apuntado que una de las grandes mentiras en torno a una nulidad matrimonial es su valor. Muchos dicen por ahí que es demasiado caro acudir a los tribunales eclesiásticos para impugnar el propio matrimonio, otros piensas que sólo la pueden obtener los famosos, los ricos o aquellos pueden darse el ”lujo“, todas ellas habladurías sin fundamento que van circulando el boca a boca.
Durante mucho tiempo he rechazado la idea de escribir sobre el derecho matrimonial, porque a mi forma de ver, el tema ha provocado mucha tinta. Pero un comentario de alguna persona me hizo pensar de otra manera. Algunos piensan que el proceso judicial por el que se declara, mediante sentencia, la nulidad de un matrimonio entre católicos es, de alguna manera, un divorcio encubierto. Este pensamiento que demuestra una gran ignorancia sobre el tema, es ante todo un gran error.
La Iglesia está presente en los acontecimientos más importantes de la vida, acompañando a las personas que se acercan a Dios en los momentos más importantes de la existencia humana: en los felices (matrimonio, bautismo, confirmación) y también en los dolorosos (pecado, enfermedad, muerte). Por la Iglesia, el Dios del Amor, visible en Jesucristo, se acerca a cada uno para darle sentido y esperanza.

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