El fotógrafo Malick Sidibé se enteró en Bamako por ABC de que era uno de los ganadores del prestigioso World Press Photo de este año.
(Luis de Vega – ABC) Doce de febrero de 2010. Un viernes cualquiera. Es por la mañana en Bamako, capital de Malí. Malick Sidibé recibe una llamada en su móvil de este periodista para preguntarle si estaba contento por haber ganado uno de los primeros premios del prestigioso certamen World Press Photo.
Y el fotógrafo no sólo no estaba al tanto sino que no tiene ni idea de qué es eso. El último gran premio que recibió fue el de PhotoEspaña en Madrid el año pasado y casi lo oculta cada vez que entabla alguna conversación sobre fotografía.
“Es usted el que ha venido a darme la buena noticia”, afirma cuando el reportero se planta bajo el patio de su casa, una especie de corrala, en la que varias decenas de familiares deambulan en su quehacer cotidiano.
Tan tranquilo, pide unos minutos para retirarse a una habitación para rezar. Seguro que no va a dar gracias por el premio. Apenas se le ha olvidado dos segundos después. “Dios es el que nos ha dado todo lo que tenemos. Hay que estarle siempre agradecido. Da igual que seamos musulmanes, cristianos o lo que sea”. Lee el resto del artículo
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