En vísperas electorales, publiqué un artículo en Caminayven (“Algunas esperanzas electorales”) que me ha proporcionado palmas y pitos desde perspectivas distintas y aun opuestas. Las opiniones más encontradas se relacionaron con mi presunta injerencia partidista -por citar lo que decía la CEE- y por la referencia a la libertad de un miembro del Opus Dei para estar en una coalición muy espinosa. La razón era simple: los fieles de la Prelatura del Opus Dei gozan de la misma libertad que los demás católicos para participar en política (y en todos los asuntos opinables). Si existe algún límite, lo marcaría la jerarquía de la Iglesia, que se circunscribió a unas orientaciones para las conciencias. La aplicación es de cada uno. Los aciertos y errores, también.
Pero no se puede juzgar la conciencia de otro desde fuera, a menos que el interesado lo solicite. Se puede, por supuesto, opinar de los hechos externos, pero dice un viejo aforismo moral que “de la conciencia no juzga ni la Iglesia”, salvo que una persona desee libremente hacerlo solicitando un consejo a quien quiera o cuando acude a la confesión sacramental. Y aun entonces, el juicio es sobre lo que él expresa. Lee el resto del artículo


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(HAZTEOIR.ORG) – “Fiel a su vocación de defensa de los valores éticos en la sociedad española, desde una visión cristiana del ser humano, de la sociedad y de la política”, Profesionales por la Ética ha realizado un estudio comparado de los programas de diversas candidaturas a las Elecciones Europeas del próximo domingo, 7 de junio.
(ZENIT.org).- La Santa Sede considera que la crisis económica se debe a la obsesión por la ganancia fácil y señala entre sus responsables a aquellos agentes del sistema financiero que deberían haber controlado el rendimiento de cuentas.
La Iglesia está presente en los acontecimientos más importantes de la vida, acompañando a las personas que se acercan a Dios en los momentos más importantes de la existencia humana: en los felices (matrimonio, bautismo, confirmación) y también en los dolorosos (pecado, enfermedad, muerte). Por la Iglesia, el Dios del Amor, visible en Jesucristo, se acerca a cada uno para darle sentido y esperanza.

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