(José R. Navarro Pareja – LA RAZÓN) A pesar de las dificultades que han supuesto los cuarenta y nueve años de dictadura castrista, la Iglesia cubana sigue creciendo. Si en 1990 sólo el 41,21 por ciento de los cubanos era católico, en 2007 este porcentaje se elevaba hasta el 59,66 por ciento. Una vitalidad, que tuvo un claro revulsivo en el viaje que Juan Pablo II realizó en 1998 a la isla, y que se ha evidenciado estos días en la visita que ha realizado el secretario de Estado vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, y que precisamente conmemora el décimo aniversario de aquel histórico evento.
«En Cuba ya no hay escuela católica, no podemos enseñar en la escuela pública, no tenemos acceso a la prensa», relataba en 2004 al portal católico Korazym.org el arzobispo de La Habana, el cardenal Jaime Lucas Ortega. Las dificultades para la evangelización no acababan ahí. Aunque el Gobierno de Castro nunca declaró ilegal a la Iglesia católica ni rompió relaciones con el Vaticano, las expropiaciones de edificios religiosos, la nacionalización de escuelas católicas y la expulsiones de sacerdotes y religiosos comenzaron poco después de la revolución. A la vez, otros impedimentos -como negar el visado a los misioneros o paralizar cualquier tipo de reforma en los templos, a la par del opresivo control sobre todos los que participaban en ceremonias religiosas- situaban a la Iglesia cubana en una difícil situación.
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