Recientemente, se debatió en las Cortes Valencianas una propuesta dirigida a eliminar en esta institución toda simbología religiosa. Es un tema relativamente discutible en el que no voy a entrar, pero sí atrajeron mi interés algunos de los argumentos utilizados para defender posiciones, principalmente el de las relaciones entre fe y razón, asunto especialmente interesante, que me ha hecho volver a leer el diálogo habido en enero de 2004 entre el entonces cardenal Ratzinger y el filósofo Jürgen Habermas, conocido por ser tal vez el principal exponente del pensamiento laico de raíz ilustrada.
Paso casi de largo sobre la cita de Guillermo de Ockham hecha en esa sesión de Cortes. Baste recordar que su doctrina filosófica jamás fue condenada. Algunos dicen que estuvo en arresto domiciliario en Avignon – residencia papal entonces-, pero no se ha demostrado. Es cierto que puso la base para una excesiva separación entre fe y razón no muy acorde con las enseñanzas habituales de la Iglesia que defienden y delimitan el valor de ambas y que nada tiene que ver con la separación Iglesia-Estado. Como curiosidad, Ockham condenó al Papa Juan XXII -diciendo que era hereje- y huyó de Avignon llevándose el sello oficial franciscano. Lee el resto del artículo



(LA RAZÓN) – Será un acontecimiento histórico. Miles de familias de toda Europa se preparan ya para celebrar el 27 de diciembre el encuentro por la familia en Madrid. Estarán acompañadas por algunos de los cardenales más importantes para mostrar que «El futuro de Europa pasa por la familia», como dice el lema. Juan Carlos y Lorena, padres de cinco hijos y en espera del sexto, animan a todas las familias, tanto españolas como europeas, a asistir a la cita porque consideran que es una oportunidad para demostrar que «somos muchos los que hemos apostado por este proyecto».
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(Mar Velasco. 
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La Iglesia está presente en los acontecimientos más importantes de la vida, acompañando a las personas que se acercan a Dios en los momentos más importantes de la existencia humana: en los felices (matrimonio, bautismo, confirmación) y también en los dolorosos (pecado, enfermedad, muerte). Por la Iglesia, el Dios del Amor, visible en Jesucristo, se acerca a cada uno para darle sentido y esperanza.

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