Si hubiese que buscar una categoría para definir la sociedad que nos rodea yo diría que es estamos inmersos en la “cultura del escapismo”. Los hombres de estoy están educados para huir de todo aquello que genere incomodidad y de perseguir el bienestar. Palabras como compromiso, sufrimiento, eternidad, verdad, están mandas a recoger porque han perdido sentido existencial y sólo representan la vieja moral. Hay que escapar del compromiso, ya que todo es relativo, la estabilidad resulta incomodo e infructífera. Se resalta lo pasajero, lo caduco, lo temporal. Por ello el matrimonio único e indisoluble es cosa del pasado. No hablemos de los hijos, son vistos como el obstáculo a la libertad, por eso hay que evitarlos. Pero el lector se pregunta, porque estamos hablando de esto, acaso ¿no es una reseña a la saga de libros de Stephenie Meyer? Si, por supuesto. Lo que pasa es que debajo de estos personajes algo diabólicos se esconde una historia muy interesante.
Amor para siempre, sacrificio, renuncia, apertura la vida, visión positiva del matrimonio, fidelidad, son algunos de los tópicos tratados en la novela. Cuando el primer libro cayó en mis manos me resistía a interesarme él ya que me pareció que el tema de los vampiros ya estaba suficientemente tratado en la literatura y que sería más de lo mismo, pero cuando leí los primeros capítulos mi idea cambió; encontré algo diferente, un vampiro (Edward) que vivía con una familia de su especie, que habían renunciado a matar seres humanos para alimentarse y se habían integrado en su entorno tratando de hacer el bien. Se que la idea de un ser inmortal que bebe sangre para alimentarse resulta infernal, pero los Cullen (el apellido de la familia vampiro) han encontrado un camino hacia la redención, dicha vía requiere mucho sacrificio y voluntad. Más aun, en uno de los libros de la saga (son cuatro) encontré una discusión sobre el alma y la misericordia que me dejó sorprendido; no es frecuente encontrar en la literatura contemporánea temas como estos tratados con seriedad.
No deseo contarles la trama de los libros, pero si hay que hablar de Edward y Bella, sus protagonistas. Ella es una típica chica norteamericana que tiene que venir a vivir con su padre ya que su madre se ha casado de nuevo. Bella intuye que su madre necesita estar solo con su nuevo esposo. En un pequeño pueblo donde vive conoce a Edward, un personaje atractivo y cautivador pero algo extraño. Poco a poco Bella descubrirá la verdadera naturaleza de Edward, de quien se enamora. Aparecen en escena la profundidad de los sentimientos, un ser malvado quiere practicar la bondad porque esta convencido que no quiere ser un monstruo. A lo largo de las páginas de la saga va apareciendo ante los ojos del lector una extraña manera de amar. La donación, la renuncia a las propias apetencias, la necesidad de fundar un matrimonio para toda la vida (aunque este concepto se redimensiona ya que el vampiro es eterno), la disponibilidad a tener un hijo, aún sabiendo que le puede costar la vida. Los lazos de familia son defendidos por encima del interés particular. Los diálogos resultan a veces estremecedores y las situaciones descritas resultan cuestionantes.
Hay que reconocer que la lectura de esta saga deja en el lector un buen sabor de boca. No sobra advertir que hay que mirar más allá del revestimiento de la trama. Lo que pasa a Edward Cullen, es en realidad el drama todo hombre que, herido por el pecado original, tiene una tendencia al mal (concupiscencia) y que la lucha de toda la vida será en ir en contra de nuestra naturaleza herida para cumplir la misión a la que genéticamente estamos programados: amar. El amor es eterno y sobrepasa los límites de la mortalidad ya que nos lleva a Dios, que es amor.
Finalmente se puede encontrar en la literatura juvenil, algo que vale la pena leer. Que disfruten tanto como yo de sus páginas.
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