El director de cine y de teatro polaco Krzysztof Zanussi -en relación con la figura de Juan Pablo II en 1997- llevó a la pantalla la obra teatral homónima del entonces Karol Wojtyla, escrita hace casi cincuenta años, titulada Hermano de nuestro Dios.
Zanussi conoció al Pontífice “a comienzos de los años sesenta”, cuando estudiaba filosofía en la Universidad de Cracovia. Tenía mucho interés en la creación artística, y eso es lo que nos unía. Más adelante, fue galardonado con el premio Robert Bresson por “involucrarse en la búsqueda del significado espiritual de la vida”.
Sobre la decisión de llevar la obra del Papa al cine, Zanussi explicó que “al principio un colega hizo una adaptación del guión para llevarlo al cine, pero no coincidía del todo con las intenciones del autor, ya que hacía los momentos biográficos demasiado explícitos. Él quería una obra más modesta y fiel a su texto original. Con esta segunda adaptación tuvimos la aceptación del autor”.
Asimismo, el cineasta describió las “coincidencias biográficas” entre el protagonista y el autor de la obra; y afirmó que “en primer lugar los dos sacrificaron su arte y el amor humano por la entrega a Dios y a los demás. Tanto el pintor -protagonista de la obra- como el Papa denuncian las injusticias del sistema social con diferencias abismales entre pobres y ricos, pero la solución que plantean no es la revolución, sino la caridad como el bien hacia todos los individuos y la solidaridad como compromiso personal. El autor hizo su particular homenaje al escritor y monje, Adam Chmielowski (1845-1916), que en 1989 Juan Pablo II canonizó”.
Zanussi recordó al joven Wojtyla como un “gran actor, dramaturgo y poeta”, y agregó que el principal mensaje que trasmite la obra es que “entre la justicia y la misericordia, lo primero es el amor. Es un diálogo entre el concepto marxista y el cristiano, que se identifica con la víctima sufriente. Esta obra es el germen del pensamiento personalista del Papa, que luego desarrolló ampliamente en sus encíclicas y escritos”. En Hermano de nuestro Dios se apuntan ya varios temas que inquietaban al joven sacerdote.
Al ver la película -continuó el director-, “el Papa fue muy cuidadoso con sus críticas, para que no se confunda su opinión personal con su enseñanza como Romano Pontífice”. Solamente hizo un comentario público: “Después de medio siglo, desde que escribí la obra, he puesto una cara muy concreta al Santo, que es el personaje principal. Así que al cabo de una hora y media de la proyección, no podía ponerle otra que la del actor”.
Hermano de nuestro Dios forma parte de un género teatral particular, de tipo rapsódico, donde prima la palabra sobre la reconstrucción escénica, que no busca el realismo de los diálogos sino que es esencialmente declamatorio, conceptual y enfático en la confrontación dialéctica de personajes antitéticos.
En 1948, cuando se escribió la pieza teatral, la situación política de Polonia propiciaba que el marxismo gozara de gran actualidad en pleno debate político y cultural sobre el liberalismo y la revolución proletaria. En la obra, Lenin dice a los mendigos: “No tengáis miedo” -palabras con las que más tarde el Papa comenzaría su Pontificado-.
Frente a la concepción marxista de la pobreza como un castigo del que hay que liberarse, que no acompaña al pobre ni se identifica con él, que no tiene autoridad moral para proponerles la salvación presente, la misma realidad de los mendigos de Cracovia obliga al afamado pintor, después Hermano Alberto, a hacerse uno con ellos, a hacerse uno con el Pobre, como única respuesta que satisface la necesidad de liberación que todos claman.
La cuestión candente entonces, como hoy, es la respuesta al presente. ¿Existe una presencia que salva las distancias, cura la ira y toda forma de resentimiento y convierte en bendición lo que los demás consideran maldición y pretexto para el reproche incesante, la incriminación y la violencia? ¿Existe alguien de quien poder fiarse o estamos condenados a fórmulas que nos atan inexorablemente al “más de lo mismo”?
Sólo la identificación de la propia vida con Cristo convierte a cada uno en instrumento que abraza la realidad y alcanza su potencia vencedora. Sí, la promesa de Cristo no defrauda, tiene en cuenta lo que no cuenta para el mundo, para “confundir” a lo que cuenta… En esta película artística, joya de humanidad sobre un horizonte que va creciendo, salimos ganando todos al palpar la pregunta, la promesa, la esperanza de una posibilidad abierta y total de que la fuente del amor siga salvando, rescatando y restaurando la pobreza que todos compartimos a través de la carne de los santos.
Del mismo modo que la obra de Zanussi, esta semana llega a los cines de toda España Popieluszko, la libertad está en nosotros, un retrato perfecto sobre el beato Jerzy Popieluszko en el que su director, Rafal Wieczynski, ofrece una imagen bien parecida a la del joven Karol Wojtyla.
“Hace falta quitarnos el peso del miedo que nos paraliza, que inmoviliza los corazones y mentes de los hombres… Sólo debemos tener miedo de traicionar a Cristo por cuatro monedas de estéril tranquilidad”. (Jerzy Popieluszko).
Estas palabras de un gran polaco sintetizan los duros años que vivió este firme defensor de la libertad ciudadana y religiosa. Son palabras de la última homilía que pronunció el que fuera capellán del sindicato ‘Solidarnosc’. Jerzy Popieluszko, referente para toda una nación y contemporáneo de Juan Pablo II, fue asesinado en 1984 a manos de agentes secretos del gobierno de la oprimida Polonia.
El próximo viernes, 27 de enero, llegará a las salas Popieluszko, la libertad está en nosotros, película que ya fue vista por casi un millón y medio de personas en Polonia.
Para algunos, Popieluszko fue un héroe. Para otros, un hombre sencillo pero tremendamente humano, que venció sus miedos interiores por amor a su pueblo. Para todos, un hombre libre, que luchó por la libertad de los suyos con todas las consecuencias.
Imitando la figura de Karol Wojtyla, Jerzy Popieluszko salta a la cartelera española para que su historia continúe conquistando vidas y corazones, y su ejemplo de hombre de vida de fe sirva de evangelización para nuestra vida. Muy recomendable.



La Iglesia está presente en los acontecimientos más importantes de la vida, acompañando a las personas que se acercan a Dios en los momentos más importantes de la existencia humana: en los felices (matrimonio, bautismo, confirmación) y también en los dolorosos (pecado, enfermedad, muerte). Por la Iglesia, el Dios del Amor, visible en Jesucristo, se acerca a cada uno para darle sentido y esperanza.
