Esta mañana a las 10.15 horas el Santo Padre, dentro de su viaje apostólico a Portugal ha celebrado una Santa Misa en Oporto, en una plaza abarrotada de miles de personas.
En su homilía ha recordado la Resurrección de Jesús, como Cristo resucitado se aparece a sus discípulos mostrándoles la necesidad de pasar por la Cruz para llegar a la Resurrección.
El Santo Padre manifestó que la misión individual de cada comunidad eclesial es recibir de Dios y manifestar al mundo a Cristo resucitado para que en todas las situaciones de sufrimiento y muerte se transformen por la acción del Espíritu Santo en situaciones de vida.
Para ello en cada celebración eucarística deberemos seguir más atentamente la Palabra de Cristo. Ello nos hará testimonio y portadores de Jesús resucitado al mundo, llevando a los distintos sectores de la sociedad y a cuantos viven con nosotros y trabajan, irradiando vida en abundancia que El nos ha dado por su muerte y Resurrección y que sacia todos los anhelos del corazón humano.
Todo ello sin imponer nada, sino proponiendo como San Pedro recomienda en sus Cartas: “Llevar a Cristo el Señor en vuestros corazones, siempre dispuestos a llevar la esperanza que hay en vosotros” Siendo conocedores de los grandes problemas del mundo, debemos llevar una palabra de animo y auxilio con la Palabra de Dios y recordar que El estará con nosotros hasta el fin del mundo.
Esta certeza nos consuela y nos tranquiliza y nos anima a ser una Iglesia misionera que lleve la Palabra al mundo con la ayuda del Espíritu Santo. Desde los inicios del cristianismo se advirtió con claridad la importancia de llevar la Buena Nueva de Jesús a todos.
Ahora la Iglesia está llamada a enfrentarse a nuevos desafíos y a dialogar con culturas y religiones diversas, procurando construir junto a cada persona de buena voluntad una pacifica convivencia. Se trata de un mandato cuya fiel realización debe seguir el mismo camino de Cristo: el camino de la pobreza, de la obediencia y de la cruz, de la que El sale vencedor por la Resurrección.
¡Si¡ Estamos llamados a servir a la humanidad de nuestro tiempo, confiando únicamente en Jesús y dejándonos iluminar por su Palabra. ”Porque fuiste tu quien me escogiste para que de fruto y el fruto permanezca”.


La Iglesia está presente en los acontecimientos más importantes de la vida, acompañando a las personas que se acercan a Dios en los momentos más importantes de la existencia humana: en los felices (matrimonio, bautismo, confirmación) y también en los dolorosos (pecado, enfermedad, muerte). Por la Iglesia, el Dios del Amor, visible en Jesucristo, se acerca a cada uno para darle sentido y esperanza.
