”Defender la alegría“, así se titula la canción con que algunos artistas españoles apoyan a Zapatero. Y yo me pregunto: ¿qué alegría? ¿la de una madre que mata a su propio hijo en su seno porque nadie le ofrece otra alternativa? ¿la de un niño no nacido que no puede defenderse? ¿la de un enfermo sedado para que muera “dignamente“? ¿la de los familiares de los asesinados por ETA?
¿No será más bien la alegría de los dueños y trabajadores de clínicas abortistas que ganan dinero con los abortos? ¿o la de los médicos que mejoran su reputación ”eliminando“ retrasos en los Servicios de Urgencias de los hospitales? ¿o la de los terroristas que no pagan por sus crímenes, sino que retornan a la representación municipal, con su consiguiente retribución económica?
¿Qué alegría, la de los ciudadanos que no pueden mostrar públicamente el valor de su familia sin ser luego criticados o la de los ciudadanos homosexuales que pueden llamar ”matrimonio“ a su relación?
¿Qué alegría, la de los padres que no tienen derecho a objetar a la asignatura Educación para la Ciudadanía o la de las madres que han abortado ilegalmente y encima se jactan de ello retando a la Justicia?
¿Qué alegría, la de las mujeres en paro o la de las mujeres que ejercen de ministras en nombre de la paridad?
¿Qué alegría, la de los ciudadanos que tienen que ganarse la vida o la de los artistas que, con el canon y las subvenciones, ya tienen la vida solucionada?
Y así podríamos seguir recordando la alegría de los niños que no pueden estudiar en castellano dentro del territorio español, la alegría de los inmigrantes que llegan sin problemas a España pero luego no tienen posibilidades de legalizar su estancia, la alegría de las mujeres agredidas que tienen que ver a su violador fuera de la cárcel, la alegría de las más de 4000 personas que aumentan el número de parados cada día, la alegría de los padres de niños desaparecidos que ya nadie busca, la alegría de los embriones que no verán nunca el sol porque están congelados para ser usados como material de laboratorio,…
En realidad, la alegría que defienden estos artistas (de los cuales algunos, hace unos años, hubieran pagado para que alguien se dignara escucharlos y otros están ahí porque venían de casta) es una alegría ”triste“ y falsa. Se les llena la boca con estas palabras: respeto, tolerancia, solidaridad, diálogo; pero no respetan la vida del otro, no toleran que haya quien opine diferente, no se solidarizan con el que sufre y apoyan el diálogo con los terroristas con fines políticos .
Hablan de defender la alegría, como si fuera algo alcanzado con el gobierno socialista y que podría perderse si ya no estuviera. ¿No es aberrante que se cante a una alegría a la que Zapatero no ha contribuido?