
(CAMINAYVEN).- Cuenta un relato atribuido a uno de los filósofos de la sospecha, que en una pequeña aldea lejana sólo había un tendero que proveía de alimentos a sus habitantes. El dinero escaseaba y poco a poco todo el pueblo resultó ser deudor de aquel hombre. No había casa que no tuviera una deuda pendiente con el tendero. Un día, apremiados por la alta suma que acreditaban, se reunieron a sus espaldas para decir qué hacer. Uno, el más letrado, se puso en pie y dijo — ya que todos tenemos cuentas pendientes con el tendero, sólo queda una salida posible: matémoslo — Pareció sensata la propuesta a aquellos aldeanos y sin más miramientos, arrastraron al dueño fuera de su tienda y le dieron muerte, esperando sentirse aliviados de su carga.
La filosofía nihilista ha impregnado la mentalidad contemporánea. Los hombres anhelan verse liberados de esa idea de Dios opresor y cruel que los condena a pagar su eterna deuda con el duro peso de la conciencia. Dios se ha convertido en el tendero despiadado al que todos le debemos algo y del que nunca nos escaparemos. En este ambiente opresor y hostil es obvio que la salida fácil sea matar a Dios, sacarlo de la vida pública y reducirlo al ámbito de la privacidad más absoluta. Es obvio, porque este tipo de Dios es realmente incomodo, porque nos recuerda constantemente que no somos autónomos y que nuestra libertad no es más que una apariencia falsa, un espejismo. Pero lo que nuestros contemporáneos no saben es que Dios, en Jesucristo realmente ha muerto. Lo que hemos vivido la semana pasada, no es más que el cumplimiento del sueño de cada hombre de verse liberado de las deudas.
Dios se ha enloquecido verdaderamente. Ha entregado a su propio hijo para cancelar en su cuerpo la nota de cargo que pesaba contra nosotros. Dios, no sólo no ha impedido que le matemos, sino que él mismo se ha entregado a la ignominia, a la burla y al desprecio. Esta es la buena noticia de la fe: ”Cristo ha pagado por todos al eterno Padre, la deuda de Adán“, ya no debemos nada, hemos recobrado la libertad verdadera. Antes sólo éramos esclavos de nuestros deseos y apetencias. Condenados a buscaros a nosotros mismos en todo e incapacitados totalmente para cualquier obra buena. Pero en la estupidez de la cruz, Dios ha abierto para todos los hombres las puertas de la cárcel. De ahora en adelante sólo es infeliz el que lo quiera ser.
Estos días de pascua nos hablan de libertad. El Padre no quiere que vivamos como unos esclavos desgraciados. Nos quiere libres para amar, libres para soñar, libres para ser felices. La cincuentena pascual, entre otras cosas, es un canto de júbilo al verdadero humanismo, a ese que defiende la dignidad del hombre, creado a imagen de su Creador y recatado a un alto precio. No hay razón para estar tristes, la felicidad se respira en el ambiente pascual. Y si alguno aún se siente mal por la deudas contraídas en el pasado que sepa, que por su vida Dios ha pagado con la sangre de su hijo, muerto y resucitado.
Cristo ha Resucitado.
Verdaderamente ha resucitado.