(Javier Cebreros – CAMINAYVEN.COM) – Gracias a Dios, ha pasado la fiesta de Halloween, esa fiesta que nos han ”colado“, como si fuese un gol por toda la escuadra, donde se da culto a la muerte, al miedo, al terror, y que, desde los colegios, los profesores se encargan de que los niños no falten a su cita ataviados con disfraces de brujas, demonios, y otros grotescos atuendos que sus obedientes progenitores se han encargado de comprar o de confeccionar. Por supuesto la noche de Halloween, no una tradición española, ni mucho menos cristiana, es una estúpida moda importada de Estados Unidos, a través de películas y series ”made in USA“, que han paganizado la víspera del Día de Todos los Santos.
Después de este ”tenebroso“ preámbulo se abre la puerta a la Navidad. Los grandes almacenes y los anuncios de televisión, cada vez más caros, son los encargados de recordarnos que ”ya es Navidad“. Los comercios adornando sus fachadas e interiores con todo tipo de reclamos navideños, con un único objetivo: vender ellos y que nosotros compremos. Pero la Navidad es algo muy distinto
La Navidad, ese periplo entre la Nochebuena y el Día de Reyes, es junto con la Pascua de Resurrección una de las fiestas más importante que vivimos los cristianos.
Nuestra tradición en esta fechas es montar el Belén como representación del Nacimiento de Jesús y también adornar la casa con el Árbol de Navidad, que también se ha intentado paganizar, pero la Historia es la Historia, y hay que echar mano de la ”memoria histórica“ para demostrar que, lejos de lo que mucha gente piensa, el Árbol de Navidad, que adorna millones de hogares y está presente en miles de comercios, oficinas, hospitales es cristiano.
Cuando llegó a Alemania un monje que fue conocido como San Bonifacio, allá por el siglo VII, se dio cuenta de los sacrificios humanos que practicaban los nativos en un roble dedicado a Odín (un dios de la mitología Escandinava). San Bonifacio decidió usar un abeto para evangelizarlos aprovechando su forma triangular y logró transmitirles el concepto de la Santísima Trinidad (Dios padre, Hijo y Espíritu Santo). Así poco a poco este monje, convertido en santo, fue evangelizando. Esta es la primera vez que este árbol es usado como icono de la Cristiandad.
Hay autores que han relacionado el Árbol de Navidad con el Árbol de la Vida, ese que lucía en medio del Jardín del Edén. Las decoraciones nos recuerdan las gracias y dones que el hombre tenía cuando vivía en el Paraíso en completa amistad con Dios. Por eso el árbol de Navidad representa esa naturaleza restaurada y engalanada para recibir a su redentor; el árbol perennemente verde quiere saludar en nombre de la naturaleza renovada a su Señor “Alégrense los cielos y la tierra, retumbe el mar y el mundo submarino. Salten de gozo el campo y cuanto encierra, manifiesten los bosques regocijo”.
El Árbol de Navidad es un signo en las casas que nos recuerda a Jesucristo, que nace y muere por nosotros. Este árbol de Navidad no tiene nada de pagano. Es necesario que los no creyentes y ateos, esta Navidad, sepan que ese Árbol, que se afanarán en adornarlo lo mejor posible, representa a Cristo y por lo tanto a la Santisima Trinidad.
Es necesario recordar que ese Belén, que muchos niños harán en clase, no es para tirarlo a la basura, como pasó el año pasado cuando la directora de un centro público arrojó el Belén que unos niños hicieron con toda su ilusión. Esperemos que esta situación no se repita este año.
El Espíritu de la Navidad, ese que se tiene que inculcar en casa a los niños diciéndoles la verdad y el porqué de las cosas debe brillar en Navidad como brilla la estrella de Belén, que corona el Árbol de Navidad, el Árbol de Navidad cristiano.


La Iglesia está presente en los acontecimientos más importantes de la vida, acompañando a las personas que se acercan a Dios en los momentos más importantes de la existencia humana: en los felices (matrimonio, bautismo, confirmación) y también en los dolorosos (pecado, enfermedad, muerte). Por la Iglesia, el Dios del Amor, visible en Jesucristo, se acerca a cada uno para darle sentido y esperanza.
