En este tiempo donde el Santo Padre ha propuesto el año sacerdotal en la vida de la Iglesia, es interesante dirigir la mirada a la vida bella y sencilla del cura de Ars; pues hay quienes de manera casi hasta obsesiva proclaman como única característica del santo, su carencia de capacidad intelectual; cuando por el contrario este hombre que ha dado todo lo mejor de sí, se convierte en un ejemplo estupendo de virtudes en el ejercicio del ministerio ordenado, y así lo atestigua el magisterio de la Iglesia en boca del Papa Juan XXIII y el mismo Benedicto XVI que han anunciado la vida del santo en todo su esplendor.
Basta dirigir la mirada a la biblioteca del Santo Cura de Ars para descubrir su personalidad. “se presentaba de buen grado como ignorante, mientras que era, en la medida de sus posibilidades, un amante del estudio (…)se puede afirmar que seguramente Juan María Vianney leyó 192 libros de su biblioteca (…) en definitiva, Vianney usaba su biblioteca como fuente para su ministerio sacerdotal, consciente de que la oración debe unirse al estudio, para instruir al pueblo cristiano y llevarlo por el camino de la santidad (…) Jean Baptiste Henri Lacordaire, el gran predicador de Notre Dame de París expresaba sus sentimientos íntimos después de haber escuchado predicar a Vianney: “Me gustaría predicar como él” (…) su biblioteca prueba que nunca renunció a su formación intelectual y espiritual”. (L’osservatore Romano, edición en lengua española, 15 de Enero de 2010, p.9)
La historia de este hombre se convierte entonces en un ejemplo maravilloso de superación y aprovechamiento de los talentos puestos por la gratuidad de Dios en la história, ojalá hoy nosotros, ministros ordenados, laicos, o personas de la vida consagrada, imitando este ejemplo claro y sencillo de santidad, dispongamos las capacidades y dones que el Señor nos ha confidado, para hacer de nuestras vidas una historia de salvación, como lo hizo el Santo Cura de Ars aún en medio de las dificultades de su tiempo.
Es preciso salir de la neurosis colectiva que aparece en ciertos ambientes de Iglesia, que nos hace pensar que ser santos es signo de apocamiento mental y extravagancias piadosas nada acordes con la vida real de aquellos que han entregado su vida al Señor con empeño y dedicación como San Juan María Vianney. Más bien, es necesario salir a combatir la pereza mental pecado capital que hace mucho daño en la vida de la Iglesia, y reconocer que quien es Santo es realmente inteligente aún cuándo las letras ni siquiera hayan llegado a su vida.

Nick Vujicic, el hombre sin brazos ni piernas que se convirtió en motivador profesional, ha alcanzado un nuevo logro protagonizando este cortometraje. La película, dirijida por Joshua Weigel y ganadora del premio 

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