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Orlando Díaz Márquez – CAMINAYVEN.COM) – ”Cuenta la historia que los dioses griegos se aburrían y por ello crearon a los hombres y como seguían aburriéndose se inventaron el amor y les pareció tan bueno que quisieron enamorarse ellos Finalmente inventaron la risa para poder soportarlo“. Con esta frase de la mitología griega empieza esta película que tiene muchas cosas que rescatar.
Nos contará la historia de personas de nuestro siglo, todas ellas deseosas de encontrar la felicidad en el amor. Pero este esquivo personaje, que muchas veces jugará malas pasadas a los protagonistas se hace esquivo a las pretensiones interesadas los humanos.
Un hombre que sufre la pérdida de dos mujeres que lo abandonan por diferentes causas, unos chico y una chica jóvenes que, con solo mirarse a los ojos la primera vez descubren que están hechos el uno para el otro y que su amor será capaz de sobrevivir incluso en las situaciones más adversas y finalmente un matrimonio mayor que acaba de perder a su único hijo por una sobredosis.
Hay que saber descubrir el oro que se esconde detrás de la hojarasca. Al finalizar la película, el espectador desprevenido saldrá con una sensación de frustración con respecto al sentido del amor en la vida de los seres humanos. Se sentirá ante las dificultades que sufren los amores de los personajes como ante una muralla infranqueable que nos impide acceder a la plenitud.
Ya dirán muchos autores cristianos que estamos hechos para amar, pero nuestro vuelo se ve interrumpido por nuestras propias limitaciones, los defectos propios y los ajenos. Nuestros deseos de totalidad, de eternidad, son como un pájaro que quiere volar libre en una jaula de cristal. Solo podemos observar el panorama desde nuestra ventana sin poder disfrutar del aire libre de la montaña que se levanta ante nuestros ojos. Sonará a pesimismo puro y duro, pero si observamos bien descubriremos que el amor juega con nosotros pobres mortales incapaces de alcanzar su eternidad.
Pero el AMOR con mayúscula y todas las letras se ha manifestado a todos los hombres para romper las cadenas que nos impiden experimentar lo que significa sentirnos amados tal como somos. El amor que es capaz de superar las dificultades y superar incluso la misma muerte. Pero para poderlo experimentar se requiere entrar en una nueva ”dinámica“ existencial. Aquella que despojándose del propio yo se transforma en un tu que desborda la vida propia y, superada toda pretensión, se dona sin medida en el bien ajeno. Esta forma de amar, es sin ninguna duda sobre-humana, es decir divina. Es preciso pues tener dentro la vida eterna para amar de esta manera.
La película no puede ser vista buscando la exaltación de los valores morales cristianos, más aún para sensibilidades demasiado agudizadas no es recomendable. Se la sugiero solo a aquellos que puedan ver lo que pasa a nuestro alrededor tratando de rescatar lo que sirve y desechar lo que sobra. Se sentirán impactados antes los diálogos, pero sobre todo ante el drama que produce que el amor juegue con los hombres.