(Carlos Orlando DÍaz – CAMINAYVEN.COM) – El séptimo arte nos ofrece una producción histórica ambientada en el conflicto Español — Inglés. Felipe II ocupa un lugar importante en toda la trama. En Inglaterra reina Elizabeth, una reina soltera, sin hijos y con una reputación no muy casta, estos hechos son muy mal vistos por Felipe, mas aún si se piensa que en aquel reino el catolicismo no es la religión oficial, por la que emprende una apoteósica empresa que lo llevará a echarse al mar con la ”flota invencible“. Como ya sabemos los barcos españoles son derrotados y Felipe tiene que retirarse, hecho que será aprovechado por Inglaterra para fortalecerse en el nuevo mundo.
Para nadie es novedoso que todo recuento de la historia implica una interpretación, depende desde la orilla donde estés parado verás los acontecimientos de una u otra forma. Esta film no es la excepción. Felipe II es presentado como un rey obstinado con el tema religioso, defensor de las buenas costumbres y totalmente intolerante, mientras que la reina inglesa es ecuánime, magnánima, equilibrada y totalmente tolerante con el asunto religioso. Estoy convencido que ninguna de las dos figuras son tan así como son representadas.
Para ver esta película sería bueno tener de trasfondo varios factores:
PRIMERO: no podemos pensar el pasado con categorías de presente. Hecha esta advertencia resulta iluminador saber que en aquella época la religión jugaba un papel importante en la vida de los pueblos. Las relaciones Iglesia — Estado eran comunes, afortunada o desafortunadamente, según se vea. Caído el Imperio Romano, Europa experimentó un cierto vacío de poder, no había instituciones, ni organización gubernamental, los reyes se peleaban por repartirse el pastel de los reinos en disputa, la única institución que contaba con una organización seria era la Iglesia, quien prestó su ayuda para lograr que en Europa surgiera una cierto ”derecho común“. Los pueblos poco a poco fueron organizándose disminuyendo con ello la influencia de la Iglesia. No era, por tanto, extraño la existencia de reyes y príncipes que profesaban una religión y por considerarla buena para el pueblo obligara su práctica en el reino. Algunos supieron coaccionar sus reinos cimentándolos sobre las bases de la fe católica, otros sólo utilizaron las ideas religiosas con fines nada santos, generalmente la política y el afán expansionista subyacían en las empresas religiosas de los reyes de la época. Felipe no era la excepción.
SEGUNDO: No era política oficial de la Iglesia emprender batallas para conquistar nuevos reinos para la fe. Algunos no estarán de acuerdo conmigo, pero la Iglesia no influyó directamente en las guerras que los reyes emprendían con un disfraz religioso.
TERCERO: ni el pasado ni ahora puede considerase legítimo recurrir a las armas para hacer que prospere en un pueblo cualquier religión. Esta ha sido el caballo de batalla del Papa Benedicto XVI en los últimos meses, proclamar con fuerza que la violencia no es el camino para defender ni propagar la propia religión. Os remito a sus discursos y encontraréis verdaderos tesoros con respecto a este tema.
Sería bueno ver esta película con los criterios antes dichos, iluminará las escenas y será una ocasión propicia para releer la historia con los propios ojos. Para el hombre, interpretar es un deber.
TRAILER:


La Iglesia está presente en los acontecimientos más importantes de la vida, acompañando a las personas que se acercan a Dios en los momentos más importantes de la existencia humana: en los felices (matrimonio, bautismo, confirmación) y también en los dolorosos (pecado, enfermedad, muerte). Por la Iglesia, el Dios del Amor, visible en Jesucristo, se acerca a cada uno para darle sentido y esperanza.
