(www.conferenciaepiscopal.es) En un comunicado emitido hoy, la Conferencia Episcopal Española (CEE) condenó el asesinato hoy en Arrigorriaga (Vizcaya) de Eduardo Antonio Puelles García, inspector de policía de Bilbao. Ante este nuevo acto de barbarie de ETA, los prelados reiteraron “su firme condena del terrorismo, recuerda que es perverso en sí mismo y que no admite ninguna justificación”.
En su declaración, la CEE precisa que “el terrorismo persigue la extensión del terror para producir una situación de debilidad del orden político legítimo, que le permita imponer sus criterios por la fuerza, a costa del atropello de los derechos humanos más elementales, como son el derecho a la vida y a la libertad. Este fin no podrá ser compartido jamás“.
En un comunicado emitido hoy, la Conferencia Episcopal Española (CEE) condenó el asesinato hoy en Arrigorriaga (Vizcaya) de Eduardo Antonio Puelles García, inspector de policía de Bilbao. Ante este nuevo acto de barbarie de ETA, los prelados reiteraron “su firme condena del terrorismo, recuerda que es perverso en sí mismo y que no admite ninguna justificación”.
En su declaración, la CEE precisa que “el terrorismo persigue la extensión del terror para producir una situación de debilidad del orden político legítimo, que le permita imponer sus criterios por la fuerza, a costa del atropello de los derechos humanos más elementales, como son el derecho a la vida y a la libertad. Este fin no podrá ser compartido jamás“.
En un comunicado emitido hoy, la Conferencia Episcopal Española (CEE) condenó el asesinato hoy en Arrigorriaga (Vizcaya) de Eduardo Antonio Puelles García, inspector de policía de Bilbao. Ante este nuevo acto de barbarie de ETA, los prelados reiteraron “su firme condena del terrorismo, recuerda que es perverso en sí mismo y que no admite ninguna justificación”.
En su declaración, la CEE precisa que “el terrorismo persigue la extensión del terror para producir una situación de debilidad del orden político legítimo, que le permita imponer sus criterios por la fuerza, a costa del atropello de los derechos humanos más elementales, como son el derecho a la vida y a la libertad. Este fin no podrá ser compartido jamás“.


La Iglesia está presente en los acontecimientos más importantes de la vida, acompañando a las personas que se acercan a Dios en los momentos más importantes de la existencia humana: en los felices (matrimonio, bautismo, confirmación) y también en los dolorosos (pecado, enfermedad, muerte). Por la Iglesia, el Dios del Amor, visible en Jesucristo, se acerca a cada uno para darle sentido y esperanza.
