(Enrique Bonete Perales) – Debo confesar que escribir un ensayo sobre ética sexual ha sido reiterado objetivo que cada verano, desde hace años, me imponía iniciar leyendo y recopilando material de todo tipo. Aun considerándolo personalmente como uno de los retos más urgentes, nunca me encontraba con ánimo de emprenderlo a fondo. Por diversas circunstancias académicas y familiares el proyecto quedaba siempre pospuesto sine die. Aquí está, por fin, el libro, pero con unas características muy especiales que conviene, desde el principio, explicar a fin de que nadie quede confundido: no soy en sentido estricto el autor, sí el recopilador y editor de un conjunto de ”trascendentes“ reflexiones éticas. ¿Qué tienes, lector, en tus manos? Un texto breve en el que se recoge de modo sintético y literal las posiciones morales de la Iglesia Católica en torno a relevantes problemas vinculados a la sexualidad humana.
Diversas han sido las motivaciones que me han impulsado a presentar de manera un tanto sui géneris la visión que la Iglesia ha transmitido durante estas últimas décadas sobre complejos problemas de ética sexual (en concreto, desde el Concilio Vaticano II).
En primer lugar, por la conciencia que mi mujer y yo tenemos de la inexcusable responsabilidad que nos incumbe ante la educación sexual de nuestros hijos. Necesitábamos articular unas ideas fundamentales que fueran el marco de la transmisión, en el seno de nuestra vida familiar, de los valores morales y cristianos que entran en juego en la conducta sexual.
En segundo lugar, conversaciones con otros matrimonios de nuestra edad, amigos y conocidos (la mayoría miembros de variados movimientos y comunidades eclesiales), me confirmaban la conveniencia de que ellos contaran también con un librito que les facilitase la tarea de dialogar con sus respectivos hijos, habiendo asimilado previamente los principios éticos que han de orientar las relaciones sexuales.
Y por último, siempre ha constituido un acicate para mí el sucesivo bombardeo de preguntas que año tras año mis alumnos de la Licenciatura de Filosofía y de Humanidades de la Universidad de Salamanca me lanzan en cuanto descubren —al poco de comenzar el curso— que su barbudo profesor de Ética es nada más y nada menos que ”católico“ (especie que suponían ya extinguida en el ámbito filosófico). Ello les resulta no sólo intelectualmente provocador, sino un estímulo real para atosigar a tan extraño ”ente“ con interrogantes sobre cuestiones socialmente debatidas que de modo directo o indirecto se suelen suscitar en las clases, y ante las cuales la Iglesia mantiene una posición pública poco corriente o, mejor dicho, ”contra corriente“.
¿Qué es, en realidad, este libro? Una especie de ”antología“ de párrafos centrales de carácter ético-sexual extraídos de documentos eclesiales (se citan todos en la bibliografía final) escritos y firmados por recientes Papas, Congregaciones de la Santa Sede, Academias y Consejos Pontificios, y por la Conferencia Episcopal Española. Han sido redactados durante estos últimos años y desarrollan de modo extenso o breve, circunstancial o sustancial, cuestiones fundamentales de la sexualidad humana.
Sin embargo, no estamos ante una antología al uso. El libro se estructura a modo de un diálogo entablado con mis hijos (especialmente con la mayor, que está concluyendo ya los estudios de Psicología); pero también con algunos de mis alumnos universitarios, polemistas impenitentes, que aún perduran en mi recuerdo. Cuestiones tales como las uniones homosexuales, la fecundación artificial, las relaciones sexuales entre adolescentes, la ”píldora del día después“, el aborto, los métodos anticonceptivos, el preservativo y el SIDA, las parejas de hecho, la pornografía, la liberación sexual, la prostitución, las rupturas matrimoniales, la educación moral, etc., surgen de vez en cuando, y con naturalidad, tanto en mi hogar como en el aula durante las clases de Ética.
Estos diálogos, reelaborados para la publicación, han condicionado la estructura del volumen. Se concretan una serie de preguntas más o menos comprometedoras que en circunstancias diversas lanzaron nuestros hijos. Mi mujer y yo les respondíamos lo mejor que nos era posible, pero teniendo muy presente lo que la Iglesia había proclamado sobre el tema en cuestión. Hemos considerado siempre que sus pronunciamientos y documentos constituyen una guía ética general sumamente válida y coherente a cuya luz se pueden valorar después los dispares comportamientos sexuales que nuestra sociedad aprueba o discute.
En ocasiones, tras una larga conversación —a veces un tanto acalorada— con la hija ”psicóloga“ le proponíamos leer algún texto eclesial para formarse una opinión más ponderada sobre un determinado problema moral. Con los alumnos aguijoneantes el método que suelo seguir es un poco distinto. Tras algún intenso y esporádico debate sobre los asuntos mencionados, al final de la clase les animo a que piensen más a fondo el polémico tema para el próximo día y les recomiendo que no se limiten a reproducir como ”loros“ los tópicos de la cultura mediática. Por mi parte, estudio en serio el documento pontificio que ilumina el problema que tenemos entre manos y así, pertrechado de ideas éticas, entro al día siguiente en ”el ruedo“ y las expongo ordenadamente a fin de ”lidiar“ con la brava embestida que jóvenes, rebosantes de relativismo ingenuo y hedonismo sexual, contra mí emprenden.
Pues bien, este breve libro es fruto de aquellas espontáneas conversaciones con nuestros hijos y de mis debates más o menos ”filosóficos“ con universitarios despiertos. Conviene dejar constancia de que las preguntas han sido replanteadas poco a poco, según mi débil memoria. A través de ellas se manifiesta, en parte, la mentalidad sexual dominante, reflejada en los argumentos de los jóvenes (que la Iglesia procura desarticular con sensatas reflexiones); pero también las preguntas confirman en algún momento la propia posición del Magisterio, al mostrar que el hipotético interlocutor se está dejando convencer por el peso de los razonamientos éticos y antropológicos. Sin embargo, las respuestas (y esto es fundamental para conceder destacado valor y utilidad al libro que tienes, lector, en tus manos) son todas ellas, y en su integridad, párrafos literales seleccionados de diversos documentos pontificios que te presento organizados por capítulos, en concreto ocho:
1) sexo sin moral,
2) los padres: educadores sexuales,
3) castidad y egoísmo sexual,
4) etapas psico-morales en el desarrollode la sexualidad,
5) amor esponsal,
6) regulación de la natalidad,
7) procreación artificial y

homosexualidad.
Por tanto, este libro constituye —no lo olvides— un nuevo modo de presentar las posiciones éticas del Magisterio sobre cuestiones sexuales. Con este método (”dialógico“ podría llamarse) creo que los planteamientos morales de la Iglesia resultan más atractivos y lúcidos, si cabe, al ser articulados como respuestas a preguntas directas que ciudadanos de una sociedad secularizada lanzan continuamente de modo desafiante a los católicos. Ante tan inquisitivos interrogantes no podemos —ni debemos— permanecer en clamoroso silencio o sumidos en injustificados complejos. Contamos hoy los cristianos con una visión digna y dignificadora de la sexualidad humana, que ha de ser presentada a nuestra generación con claridad y convicción, sabedores de que los criterios éticos que propone la Iglesia constituyen un elevado servicio a la sociedad, una fuente inagotable de liberación personal y un impulso para la entrega sincera y amorosa al otro.
He constatado en no pocas ocasiones —con cierta pena— que numerosos católicos desconocen la posición moral de la Iglesia sobre problemas tan graves como los abordados aquí. Pretendo con este libro de ética contribuir de algún modo a la superación de tal ”ignorancia vencible“ (perdón por la expresión). Es de esperar que sea manejable en un contexto familiar donde los padres asuman la tarea de convertirse en auténticos responsables de la educación sexual de sus hijos. Igualmente podrá ser usado en un contexto educativo: maestros y profesores contarán con claras reflexiones morales para orientar a alumnos zarandeados por una cultura hedonista Y es deseable que el libro llegue a ser un servicio eclesial: útil para catequistas laicos y sacerdotes implicados en la formación cristiana de adultos, y para numerosos jóvenes que se preparan al sacramento del matrimonio en las parroquias.
Creo que la tarea de elaborar y editar esta Ética de la sexualidad ha merecido la pena, especialmente por la metodología seguida. En vez de exponer mis personales argumentos éticos y antropológicos sobre cuestiones sexuales, inspirándome en destacados filósofos y teólogos morales, en relevantes sexólogos y psicólogos de diversas tendencias, he optado —de momento— por abandonar en un cajón mis propias reflexiones ya escritas y recurrir a un procedimiento que considero del todo más necesario y, sin duda, más fecundo social y pastoralmente: transmitir con fidelidad lo que la Iglesia responde a las complejas cuestiones sexuales que la generación de hoy nos plantea.
Existen demasiadas opiniones sobre los comportamientos sexuales. No todas bien fundamentadas, coherentes, o respetuosas de la dignidad de la persona y del cuerpo humano. La ”voz ética“ de la Iglesia no es escuchada con agrado por muchos. Razón de más para que sea proclamada sin estridencias, pero con valentía, en un contexto socio-cultural un tanto revuelto y promiscuo en lo que a la práctica sexual se refiere.
Enrique Bonete Perales.
Introducción de “Ética de la sexualidad”