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Explosión de carismas: testimonio de una carmelita descalza

La madre Mercedes contando su experiencia a los jóvenes en El Rocío(Pilar Rangel ) -  El sábado 19 de julio dentro de las Jornadas organizadas por las Diócesis del Sur en el marco de las JMJ, se llevó a cabo el acto denominado ”explosión de carismas“. Recogemos como testimonio el de la priora del Convento de Carmelitas Descalzas de San José de Sanlucar La Mayor en Sevilla:

Mi nombre es Mercedes, soy Carmelita Descalza del Convento de  San José de Sanlucar La Mayor en Sevilla y estoy aquí porque el Cardenal Amigo nos dió permiso para salir y venir a la explosión de carismas de la JMJ.
Mi experiencia es que entré como carmelita ya mayor. Fui maestra durante 30 años y era una actividad que me apasionaba. Sin embargo, tuve un encuentro con el Señor después de 14 años en el Camino Neocatecumenal. Me encontré con un Jesucristo humano, cercano, próximo que me ha sacado de muchos acontecimientos y que me dio entusiasmo por vivir. Algo cambió dentro de mí porque yo no quería ser monja y mucho menos a los 48 años.

          Sin embargo, vi que la pasión iba creciendo por dentro. La vocación es como un  embarazo en la que el niño nace o muere. El Señor me permitió llegar a un convento donde descubrí una familia como la que había dejado. En la Comunidad del Convento descubrí que la jerarquía de valores tenía otro esquema distinto. Por ejemplo, si tenía que realizar una tarea, cuando iba a hacerla me encontraba que ya la habían hecho por mí. Me enseñaban sin decir nada, de forma gratuita. Descubrí que no tienes que dar la talla para que te quieran, descubrí que todo era gratuito, era un mundo distinto. Te realizas como persona cuando te das a los demás, no pierdes sino que ganas.
          Si la gente conociera este mundo, habría cola para entrar en los conventos. A todo esto se llega a través de una intimidad con el Señor. Es fruto de andar con el Señor. Intentamos rezar todo el día entero. Es una cuestión de enamoramiento, hablar con el Esposo.
          A todo esto llego porque antes de entrar en el Convento, veía que el mundo se moría porque estamos llenos de egoísmo y veía que había que hacer algo. Me preguntaba ¿Qué puedo yo hacer por el mundo? Y vi que la única que tenia que cambiar era yo.  Pensé en irme a África o Alaska y ante la duda recurrí al Señor a ver donde tenía que ir. Y vi que el Señor me llamaba a la vida contemplativa, a un convento de clausura. Ahora gracias a Dios, soy totalmente feliz, no hecho de menos nada.
          Muchas veces nos preguntamos ¿Cómo esta la Iglesia? Y ¿cómo estamos nosotros? Como estemos nosotros, así está la Iglesia. Esto lo decía la Madre Teresa de Calcuta y es así. Mi Comunidad es lo que yo le de a mi Comunidad.
          Puede ser contradictorio pero ¿Qué es vivir? Morir. Y ¿Qué es ganar? Perder. Vivo entre gente que pierde la vida por darme la vida. Doy gracias al Señor porque se ha fijado en mí que soy un mamarracho para que sea esposa suya. El amor es lo único que da vida y transforma.
         
          El matrimonio también es un testimonio donde dos personas que se aman con Cristo en medio dan la vida el uno por el otro hasta que la muerte les separe. Los milagros existen y soy testigo de ello. En mi Comunidad hay monjas mayores desde 92 años hasta 28 años, de distintas culturas, edades.. y entre nosotras existe el amor.
          Esta vocación nace de un enamoramiento, de entregarte al Señor, de estar pensando todo el día en tu Esposo, como el enamorado en la enamorada y estar deseando que llegue el momento de la Eucaristía para encontrarme con mi Esposo y ver qué tiene hoy que decirme.
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