
(CAMINAYVEN.COM) – La noticia corrió cómo pólvora:
nace el primer bebe español programado genéticamente para curar a su hermano de una enfermedad congénita; el hecho es presentado como un éxito de la ciencia que beneficiará a personas con dolencias de este tipo, sin duda que sorprende los avances en la genética en estos campos, pero la pregunta que nos hacemos es ¿a qué precio?
Los problemas morales que presenta este tipo de prácticas suelen ser barnizados de bondad, basta con leer los titulares de esos días: ”doble felicidad“, ”bebé nace para curar a su hermano“ y algunos mas intrépidos han escrito ”nace el primer bebé medicamento español“. Las conciencias ingenuas podrán dejarse engañar por esta manipulación informativa que da a conocer una verdad que sirve de tapa a un sin número de mentiras que subyacen debajo de los llamados ”avances científicos“. Sabemos que más de una voz se levantará gritando: ”la Iglesia es enemiga de la ciencia“. Nada más lejos de la realidad. Ella es experta en humanidad, por ello se pone de parte de los más indefensos.
Pero, ¿qué se esconde detrás de los llamados “diagnósticos preimplantacionales”?
La fecundación in Vitro, por su misma definición, sustituye el lugar de la fecundación del acto sexual entre los esposos por el laboratorio clínico. El acto de amor que se expresa en la entrega mutua del hombre y la mujer no tiene importancia y lo relevante es lo ”viable“ del procedimiento. Se podría hacer la vista gorda sobre lo ”antinatural“ del procedimiento, pero lo realmente inhumano es el segundo problema ”ético“: para tener mayores opciones de éxito hay que fecundar varios óvulos dando origen a un número considerable de embriones (personas humanas) que posteriormente van a ser desechadas por no ser ”útiles“. Uno sólo de los embriones generados es implantado en el útero materno. Se podría llamar a esto ¿selección natural? O más bien ¿asesinatos en serie?
Lo que han hecho los genetistas del Hospital Virgen del Rocío (hasta irónico el nombre) ha sido: sustraer el núcleo de varios óvulos de la madre, injertar los núcleos de las células del niño enfermo, fecundarlos y buscar entre los embriones generados aquel que no tuviera la enfermedad que se quiere curar. Una vez obtenido el embrión ”inmunológicamente compatible“ implantarlo en el útero materno y seguir el proceso normal de gestación. Una vez nacido el niño se toman células de su cordón umbilical y se implantan en le medula espinal del niño enfermo, quien no sufrirá rechazo de su organismo al material injertado.
Se presenta en esta técnica un choque de valores: por un lado está la bondad de la curación de los hermanos enfermos pero por otro lado está la generación de un considerable numero de vidas humanas (así los científicos no quieran reconocer que un embrión es un ser humano) que son tratadas con un criterio utilitaristas, el que sirve, vive, los demás son condenados a muerte.
Los niños beneficiados con el implante de células del cordón umbilical de su hermano deberían estar muy agradecidos, su curación ha costado la vida de varios de sus hermanos, los más indefensos, aquellos que en etapa embrionaria no dieron la talla para poder sobrevivir y fueron desechados como ”material genético inservible“, tratados como ”cosa“ no como personas, ellos, desde el momento mismo de su concepción merecen respeto y tienen derecho a la vida, tan alabado en los Derechos Humanos.
Dejemos unas preguntas abiertas para la reflexión de nuestros lectores: la finalidad de la concepción y nacimiento de Javier fue la curación de su hermano; si las circunstancias fueran otras, ¿Javier hubiera nacido? Un hijo se quiere por sí mismo, no por lo que pueda aportar al bienestar de la familia. ¿Qué pensará Javier en unos años cuando se entere que sus padre lo tuvieron como el ”bebe medicamento“ necesario para salvar la vida de su hermano y no porque lo desearan? Y ¿cómo se sentirá cuando sepa que muchos hermanos suyos murieron porque no eran genéticamente sanos?
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