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Hay esperanza

Hemos inaugurado un nuevo año civil, los abrazos, la familia y los buenos deseos han inundado los rincones del mundo. Para muchos, el tiempo se convierte en una circulo vicioso que nos condena a la absurda repetición de ciclos que no llevan a ningún lado. El tiempo se transforma en una rutina insoportable. Todo hombre está sometido a las leyes espacio temporales: las estaciones, la luz, la oscuridad, el frío o el calor, todo se puede tornar absurdo si no existe más que lo podemos ver. Este panorama desolador ha entenebrecido el corazón de los hombres y sólo hay una puerta de escape: la alienación, presentada como la sociedad del bienestar. El tiempo vivido como rutina se convierte en el enemigo a vencer porque no tiene sentido.

Para el cristiano la cosa cambia. El tiempo no es un circulo cerrado sino un espiral que día a día nos acerca al cielo. Cronos se trasforma de Kairos, tiempo de salvación, momento propicio, tiempo de Dios. Es aquí en donde la esperanza tiene un puesto importante. Cristo nos ha introducido en el tiempo del Padre, “mil años son para ti como un día”. Y os preguntaréis ¿para qué todo esto? muy sencillo, los nuevos brujos del mundo vaticinan en este tiempo, desgracias, catástrofes y sufrimientos. Algunos piensan que, según las leyendas Mayas el mundo se acabará en el 2012, pero el cristiano tiene una esperza “que no falla”, Dios en Cristo ha convertido nuestro caducidad en inmortalidad. Esta es la noticia que resuena en este tiempo, hay esperanza.

Todo se renueva, todo adquiere sentido si se abre el corazón a la esperanza que llama a la puerta, que quiere sacarnos de la rutina paralizante que nos deshumaniza. El tiempo no es más un enemigo, sino una camino que nos lleva al cielo. La esperanza cristiana tiene la capacidad de introducirnos en una nueva dinámica, nos pone en movimiento hacia la felicidad anhelada. “La verdadera razón de esperanza de la humanidad es la Sabiduría de Dios, que dio un sentido a la historia humana con un proyecto de amor que genera y pide libertad”, decía el Papa en el Ángelus del 1 de enero. La luz que irradia la fe trasforma la vida del hombre en historia de amor. Visto desde este ángulo, los acontecimientos de la vida, por duros y crueles que sean no son ya una fatalidad.

“Para mi la vida es Cristo…”  San Pablo nos exhorta a enfocar nuestros días a Cristo, Él es la esperanza de los pueblos. Cuando soplan vientos de guerra (pensamos en Yemen), aunque se desplomen las economía, aunque se levanten en latinoamerica nuevos regímenes totalitaristas vestidos del viejo ropaje comunista, las amenazas del clima, aunque los montes se dosplomen en el mar, Cristo se hace cercano a nuestra historia, quiere estar a nuestro lado, porque él no se desentiende de los hombres que creó.

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Un comentario

  1. Juan Andrés Vargas Juan Andrés Vargas el 16 de Enero de 2010

    Me parece interesante este artículo editorial porque hablar de esperanza significa que el ser humano en medio de lo efímero y pasajero de esta vida, es decir, el sufrimiento, las contrariedades, tiene una oportunidad estupenda a partir de la fe para encontrar consuelo en esta vida. El Papa continuamente en sus discursos hace alusión a este tema y lo pone muy bien en relación con la vida sacramental de la Iglesia que no hace otra cosa sino ofrecer al hombre de este siglo sumido a veces en el engaño la oportunidad de recibir un bálsamo consolador en el encuentro con Jesucristo. por eso agradezco este editorial porque si algo tenemos que anunciar los cristianos es esperanza en medio del fatalismo existencialista. atte. pbro. Juan Andrés Vargas

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