(ALBA ) – La Iglesia Católica , religiosa, cultural y socialmente mayoritaria en nuestro país, también se ha pronunciado sobre Internet en particular y las nuevas tecnologías en general. Lógicamente su pronunciamiento es de índole moral. Desde la propia Iglesia se reconoce que en el curso de estos últimos años la tecnología ha provocado una revolución mundial en el modo de percibir los valores morales, lo que a su vez ha causado cambios profundos en la manera de pensar y actuar de la gente.
Aquí los medios de comunicación social han tenido y continúan teniendo un importante papel, como motores del proceso de transformación individual y social, en la medida que introducen y reflejan nuevas actitudes y estilos de vida.
Y es en este punto donde la Iglesia hace la primera distinción en cuanto al uso de esos medios que, aunque prestan grandes servicios al género humano, lo cierto es que también pueden ser utilizados como instrumentos del mal, como es el caso de la pornografía y la generalización de la violencia en los medios de comunicación social. Se recuerda que una exposición frecuente de los niños a la violencia en las comunicaciones sociales puede resultar turbadora para ellos, porque todavía son incapaces de distinguir claramente entre la fantasía y la realidad.
Precisamente sobre la pornografía se hace una clara distinción entre la blanda y la dura, aunque ambas se consideran igualmente perniciosas. La Iglesia afirma que la llamada pornografía blanda puede paralizar progresivamente la sensibilidad, ahogando gradualmente el sentido moral de los individuos hasta el punto de hacerles moral y personalmente indiferentes a los derechos y a la dignidad de los demás. La pornografía, como droga, puede crear dependencia y empujar a la búsqueda de un material cada vez más excitante y perverso; es lo que se conoce como pornografía dura. Desde la Iglesia se afirma que la posibilidad de adoptar comportamientos antisociales crecerá en la medida que se vaya dando este proceso, pudiendo, en el peor de los casos, actuar como agente de incitación o de reforzamiento, un cómplice indirecto, en agresiones sexuales graves y peligrosas, tales como la pedofilia o los secuestros, por poner algunos ejemplos.
Pero el árbol que tenemos delante no debe hacernos perder la visión global del bosque que tiene grandes y buenos alicientes. Es más, los propios medios católicos no se quedan atrás y muchos están usando Internet a veces en forma muy creativa. Publicaciones y semanarios han perdido el miedo a vender menos ejemplares, las radios ven ampliar las fronteras de su alcance a más oyentes en más lugares y las emisoras de televisión utilizan las páginas web como herramientas para multiplicar sus espectadores. También hay sacerdotes que retransmiten la Misa a través de Internet, con lo que llegan a todo el mundo. Podríamos decir que la Iglesia está en línea.


La Iglesia está presente en los acontecimientos más importantes de la vida, acompañando a las personas que se acercan a Dios en los momentos más importantes de la existencia humana: en los felices (matrimonio, bautismo, confirmación) y también en los dolorosos (pecado, enfermedad, muerte). Por la Iglesia, el Dios del Amor, visible en Jesucristo, se acerca a cada uno para darle sentido y esperanza.
