Dios ha querido salvar a los hombres a través de la estupidez de la predicación y para eso ha querido servirse de personas concretas que, a través de siglos, han hecho resonar en la historia este mensaje capaz de introducir al hombre en la comunión con Dios. Esta es fundamentalmente la misión que Cristo ha confiado a la Iglesia. Pero para llevar a cabo este cometido, se hace necesario poner en marcha una estructura jurídica que garantice un ordenamiento adecuado de las relaciones humanas existentes en el Iglesia.
De entrada suena el tema a algo aburrido y ajeno a la gracia, pero nada mas lejos de la realidad. El Derecho canónico es una realidad muy importante para la vida de la Iglesia: temas como la jerarquía, el episcopado, los derechos y deberes de los fieles, el derecho matrimonial, las parroquias, las diócesis y sus agrupaciones, la vida sacramental, en fin, toda la vida eclesial reflejada en el actual código vigente.
EL Papa Juan Pablo II ha hecho una de las definiciones más acertadas de lo representa el Derecho Canónico: ”
la finalidad del Código no es en modo alguno sustituir en la vida de a Iglesia y de los files la fe, la gracia, los carismas y sobre todo la caridad. Por el contrario, el Código mira más bien a crear en la sociedad eclesial un orden tal que, asignando la parte principal al amor, a la gracia y a los carismas, haga a la vez el crecimiento ordenado de los mismos en la vida tanto de la sociedad eclesial como también de cada una de las personas que pertenecen a ella“ (Constitución Apostólica Sacrae Disciplinae Leges).
De las palabras del Papa podemos deducir claramente varios elementos constitutivos: Primero: el Código no suple a la gracia. La Iglesia no vive de las leyes, vive de la Palabra y del os Sacramentos., estos elementos hacen crecer la vida de la Iglesia en general y de cada fiel en particular, por tanto, siguiendo las indicaciones de San Pablo, no es el cumplimiento de la Ley lo que produce la salvación, sino la gracia del Espíritu Santo que vive y mora en la Iglesia. Segundo: El Código quiere ser de alguna manera un ordenamiento de las relaciones de las ”personas“ que vivimos en ella. Entra en juego un elemento muy importante, el carácter personal. Somos personas, sometidas a las dificultades de la vida y a la limitación de nuestra existencia, y para regular nuestra relaciones se hace necesario las leyes, que sirviendo a la caridad nos conducirán a la Verdad, que es Cristo, por tanto la Ley en la Iglesia sirve a la caridad.
Mi maestro en el Instituto de Estudios Canónicos de Valencia, me ha dejado claro un principio ordenador de toda ley: toda la Ley en Iglesia busca ”tutelar un bien“. Las leyes en la Iglesia no son meros formalismos, ni responden a un interés mundano, quieren proteger un bien, más aún, quiere tutelar el Bien por excelencia, que es la gracia.
Todo suena a mucho rollo. Pero a lo largo de estas pequeñas reflexiones trataremos de introduciros en el apasionante mundo de lo canónico, veréis como poco a poco os irá impresionando el panorama que se ve desde este libro tan odiado por muchos, el Código de Derecho Canónico.