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La libertad del hombre, un don de Dios

Ingrid Betancourt (CAMINAYVEN.COM) – Dios nos ha creado libres. Esta verdad defendida sin tregua por la Iglesia y proclamada en todos los rincones del mundo. Dios ha querido dejar al hombre solo ante sus decisiones y opciones, no ha querido manipular ni conducir la historia como un titiritero que mueve los hilos del poder con un interés egoísta.
Por eso, uno de los crímenes más atroces contra la dignidad humana es privar a una persona de su libertad. El secuestro es un crimen abominable, porque impone a sus víctimas algo que ni Dios ha querido hacer, quitar la libertad a un hombre.

Poco nos enteramos de los sufrimientos que han padecido muchas personas que han sido plagiadas por el grupo terrorista FARC en Colombia. Encadenados a los árboles de las selvas colombianas, tratados como animales y puestos en medio de una guerra sin sentido que sólo se ha convertido en una pantalla para disimular las intenciones narcotraficantes de un grupo que se enriquece a costa del sufrimiento de un pueblo inocente.
Ha dado la vuelta al mundo la increíble liberación de Ingrid Betancourt y otros catorce secuestrados, rescatados por el ejército colombiano en una operación sin precedentes en la historia de este conflicto armado. En una intrépida operación de inteligencia militar, esta mujer y estos hombres fueron arrancados del peor de los infiernos.
Ingrid era una precandidata presidencial cuando hace 6 años las FARC se la llevaron a la fuerza para presionar al gobierno un intercambio de guerrilleros presos. Un tortura que se reflejaba en su rostro y en el de todos los militares y policías que fueron liberados con ellos. Desolación, es la impresión que deja aquellas imágenes que hemos visto una y otra vez a los largo de estos días. Desolación por la forma en que fueron tratados, desolación por deshumanización a la que fueron sometidos y por la tristeza de haber perdido años  de vida.
Para esta sociedad nuestra, muchas veces enajenada en la comodidad que ofrece el primer mundo, lejos de estos dramas, los relatos de estas personas deben ayudar a un cambio de actitud. No podemos dejarnos comer por la indiferencia que carcome el alma hasta dejarla totalmente insensible. No podemos permanecer indiferentes ante el dolor ajeno, como si el resto de la humanidad no existiera.
Menos mal que en este continente europeo muchas cosas que si viven más allá de los mares, no ha tomado nacionalidad. Pero que no se sufra en carne propia los sufrimientos de otros seres humanos no nos excusa de tomar partido en el asunto, porque en muchas ocasiones el silencio es cómplice de los criminales. El próximo 20 de julio, muchos colombianos saldrán a las plazas públicas a manifestar su rechazo a este tipo de prácticas que no hacen más que dejar a la humanidad en el peor de los sitios, como mercancía de intercambio para intereses mezquinos.
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