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La píldora del día después: Un fármaco con verdades ocultas

Preguntas y respuestas sobre una pastilla abortiva que implica graves riesgos para la salud

EL COMPROMISO gubernamental de proporcionar la Píldora del Día Después (PDD) sin receta a adolescentes ha levantado una creciente ola de disgusto entre la clase médica, que la considera un medicamento con graves efectos secundarios que debe ser prescrito con cautela. Además, muchos advierten de que la palabra ”anticoncepción“ es un engaño que oculta su verdadera naturaleza abortiva.

Ante todo, hay que tener claros tres conceptos:

  • Concepción: momento en el que el espermatozoide penetra en el óvulo y forma un cigoto viable. A partir de este instante comienza el embarazo.
  • Fecundación: fusión entre el espermatozoide y el óvulo que da lugar a un embrión.
  • Implantación: proceso por el que el embrión anida en el endometrio uterino de la madre. El embrión inicia la implantación el séptimo día después de la fecundación y la completa ocho días después.


Aclarar estos tres conceptos no es baladí. La confusión que rodea a la PDD se relaciona directamente con ellos. Todo comenzó cuando empezaron a aparecer los embriones de laboratorio (”niños probeta“). Hasta entonces, se consideraba que en la concepción se iniciaba el embarazo. A partir de ese momento, no parecía lógico identificar el embarazo con un momento que tenía lugar fuera del claustro materno, por lo que se trasladó este concepto al momento de la implantación. ¿El problema? Que la definición se hizo extensiva a todos los embarazos, independientemente del modo (natural o in vitro) en que tuviera lugar la concepción. Así, se asentó en la sociedad una confusión científicamente ilógica: el embarazo comenzó a situarse en la fase de implantación.

¿Cómo funciona la PDD?

La PDD es un compuesto sintético que contiene Levonorgestrel (LNG) en una dosis cincuenta veces mayor que en un contraceptivo oral diario y que actúa en tres frentes: 1. Impide, dificulta o retrasa la ovulación. ¿Cómo? se inhibe o retarda la maduración del folículo donde se aloja el óvulo. 2. Impide la fecundación si ya se ha ovulado. ¿Cómo? Los espermatozoides pueden ascender por el cuello uterino gracias a las sustancias nutritivas contenidas en el moco cervical. Cuando se toma la PDD, el LNG modifica la composición de este moco cervical, haciéndolo inhóspito para los espermatozoides y, por tanto, impidiendo que asciendan y fecunden el óvulo. 3. Impide la anidación si el óvulo ya ha sido fecundado. ¿Cómo? Altera el transporte del embrión por las trompas de Falopio o impide que el endometrio lo reciba en las condiciones adecuadas.

¿Es anticonceptiva o abortiva?

Teniendo en cuenta esta triple función de la PDD, se puede considerar objetivamente que es abortiva. Si establecemos que en el momento de la concepción se gesta un nuevo ser humano con un código genético distinto al de sus padres y que sólo necesita desarrollarse dentro del vientre materno para poder sobrevivir, entonces impedir la anidación es equivalente a impedir un embarazo y, por tanto, a abortar.

¿Es físicamente inocua?

Tampoco. Tomar la PDD significa ”desordenar“ temporalmente el ciclo natural de los ovarios y su lista de efectos secundarios es interminable: riesgo de embarazo ectópico, quistes en los ovarios (por ovulaciones que quedaron obstaculizadas e inconclusas), alteraciones del periodo menstrual, hemorragias o ausencia de menstruación, etcétera. Además, los ginecólogos han advertido repetidamente de los efectos nocivos que supone para la mujer utilizar la PDD como un —mal llamado— ”anticonceptivo“ habitual. Si se utiliza con intervalos  inferiores a dos meses, los efectos llegan a ser devastadores: accidentes cardiovasculares, problemas de coagulación, crecimiento inadecuado del endometrio, alteraciones óseas, etcétera.

Merece la pena recordar un estudio aparecido hace dos años en la revista Obstetrics & Gynecology (2007; 109:181-188) que demostró cómo el acceso fácil a la PDD no reduce la tasa de embarazos imprevistos ni tampoco los abortos. Los autores afirmaban que las medidas de salud pública orientadas a este fin acaban difundiendo su consumo libre entre adolescentes, y que muchas parejas lo utilicen considerándolo como un método seguro.

Publicado en el número 10 de la revista gratuita Misión (www.revistamision.com)

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Un comentario

  1. Antonio Ostojic Antonio Ostojic el 9 de mayo de 2010

    Estoy de acuero en todo con el artículo, porque es verdad lo que se dice y además se fundamenta. Ojalá que hagamos todo lo posible para que estos abortos químicios en las primeras etapas de la vida de la persona humana, se terminen, desaparezcan, y que acerquemos esta información a todos los que quieran escuchar.

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Sobre el autor

Sara Martín

Ha trabajado durante 4 años en la sección de Religión del periódico La Razón y es autora del libro "Yo aborté", publicado en 2005. Actualmente, es responsable de comunicación de la editorial LibrosLibres.

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