(Jerónimo José Martín – PANTALLA90 ) – Esta segunda aventura de las Crónicas de Narnia, del norirlandés C.S. Lewis, comienza un año después de la anterior, según el calendario terrestre, y 1.300 años después, según el calendario narniano. Ahora, Narnia está dominada por los telmarinos, ambiciosos seres humanos que han perseguido de tal modo a las criaturas parlantes de Narnia que ya las dan por extinguidas. En realidad, viven ocultas en lo más profundo de los bosques, asustadas por la violencia humana y por la ausencia ya centenaria del mítico león Aslan.
Saldrán a la luz cuando el príncipe telmarino Caspian hace sonar un cuerno mágico tras escapar de un complot contra su vida, organizado por el cruel Lord Miraz. A su reclamo vuelven también a Narnia, desde el Londres de 1941, los cuatro hermanos Pevensie Edmond, Peter, Susan y Lucy, que hacen así realidad una profecía que vaticinaba el retorno de los Reyes Antiguos. Entre todos prepararán la inminente guerra contra los telmarinos.
En su afán por parecerse a El Señor de los Anillos, en esta nueva aventura fantástica predomina la épica sobre la alegoría, de modo que la sucesión de escapadas y batallas se imponen demasiado sobre ese amable costumbrismo de fábula moral, principal atractivo de las obras de ficción de C. S. Lewis. En concreto, la majestuosa y mística presencia-ausencia del león Aslan tiene menos potencia que en la primera entrega, aunque ciertamente permite la reflexión sobre la tristeza de la incredulidad y el poder de la fe. También se reducen sustancialmente las subtramas sobre la amistad de los niños protagonistas con diversos seres de Narnia. En este sentido, personajes como el valiente ratón Reepicheep, el sabio tejón Trufflehunter o el cascarrabias duende Nikabrik quedan más difuminados que en la novela.
De todas formas, el encantador personaje de Lucy magníficamente interpretado por Georgie Henley vuelve a llenar la historia de inocencia y capacidad de asombro, completando así la exaltación de la valentía, la solidaridad y el sacrificio, que los demás personajes personifican desde un enfoque más voluntarista. Y todo esto lo vuelve a recrear Andrew Adamson (Shrek, Shrek 2) con un cautivador sentido del espectáculo, en el que saca el máximo partido a los preciosos parajes naturales y decorados en los que ha rodado, a los sorprendentes efectos visuales, a la preciosa fotografía de Karl Walter Lindenlaub y a la vibrante banda sonora de Harry Gregson-Williams, a ratos un poco enfática, pues Adamson la emplea para disimular algún que otro decaimiento narrativo. Queda, por tanto, una notable película para todos los públicos, un poco inferior a su antecesora y quizá demasiado oscura y violenta para los más pequeños, pero que sigue transmitiendo esa fascinante intensidad narrativa, dramática, moral y religiosa de los mejores relatos de fantasía heroica


La Iglesia está presente en los acontecimientos más importantes de la vida, acompañando a las personas que se acercan a Dios en los momentos más importantes de la existencia humana: en los felices (matrimonio, bautismo, confirmación) y también en los dolorosos (pecado, enfermedad, muerte). Por la Iglesia, el Dios del Amor, visible en Jesucristo, se acerca a cada uno para darle sentido y esperanza.
