Sin la fe, nada de lo que pasa en Puerto Principe tendría sentido: miles de personas muertas, otras tantas heridas, la ciudad en ruinas, sin agua ni energía, escasez de alimentos, vándalos por las calles sembrando el terror. Siendo el país más pobre de América Latina, Haití ha sufrido en sus últimos años, mal sobre mal: corrupción, dictaduras, pobreza, todas estas cosas agravadas ahora por el terremoto que dejó en la más absoluta miseria a miles de haitianos. ¿Cómo puede responder la Iglesia a tanto problema? La tentación inicial es la de satisfacer las necesidades básicas de todas esas personas, eso es necesario hacerlo, pero que eso no distraiga de lo realmente urgente. La Iglesia, dice el Vaticano II es como un Sacramento de Salvación. Los haitianos están mas que nunca hoy necesitados que aparezca en el desolado panorama de su país un sacramento que les ayude a reemprender el camino de reconstrucción de sus vida. Salvación, es decir, un camino de retorno a la vida. Es necesario que Cristo sea anunciado con fuerza en medio del sufrimiento de este país, porque sólo Él puede dar sentido al sufrimiento humano, sólo Él sabe reconstruir las personas que han quedado entristecida y sin esperanza. Muchas ONGs estará muy ocupadas en ofrecer una mano amiga con comida y abrigo… nos nos convirtamos en una más de ellas.
No hay que creer el viejo planteamiento de la teología de la liberación que dice “primero llénale el estomago al pobre y después háblale del Evangelio”. Este sofisma es muy popular en America Latina. Lo que no se dice es que el Evangelio lleva incluida la promoción humana. Cristo hace que un hombre resurja de sus cenizas, reconstruye en él su ser persona, en todo el amplio sentido de la palabra. Los países se han volcado enviando toneladas de ayuda humanitaria. Los católicos deberíamos hacer lo mismo, enviando misioneros que invadan Puerto Principe del anuncio gozoso del Kerigma. Miles de personas se quedaron sin sus sacerdotes, la Archidiócesis perdió a su Pastor y al Vicario general, que fue encontrado bajo toneladas de escombros con una forma consagrada en su pecho. Murieron seminaristas, religiosos y religiosas. El país sufre hoy la peor escasez: la de personas que hagan presente la vida eterna,
Deberíamos movilizarnos hoy con el mismo entusiasmo con el que responde la comunidad internacional para salir al encuentro de nuestros hermanos católicos de Haití que sufren hoy el hambre de Cristo. Se necesitan presbíteros, matrimonios, celibes, laicos, religiosos y religiosas que estén dispuestos a sufrir incomodidades y penurias, que tengan el corazón lleno del celo por anunuciar el Evangelio. Salgamos al encuentro de la Iglesia que peregrina en Haití; hoy mas que nunca necesitan escuchar a Cristo, que vende sus heridas, sane su corazón y llene sus vidas de la luz de la Pascua, que los llene de energía para levantarse de las ruinas en las que los dejó el terremoto. Ayudemos a Haití.


La Iglesia está presente en los acontecimientos más importantes de la vida, acompañando a las personas que se acercan a Dios en los momentos más importantes de la existencia humana: en los felices (matrimonio, bautismo, confirmación) y también en los dolorosos (pecado, enfermedad, muerte). Por la Iglesia, el Dios del Amor, visible en Jesucristo, se acerca a cada uno para darle sentido y esperanza.

La sola idea de dejar todo e ir a ayudar a los que ahora estan en desgracia me pone los cabellos de punta, y solo me que da decir que para hacer lo que ahora necesita Haiti, en verdad se necesita cristianos, durante muchos años he estado levantandome para ser familia en mision. Por lo demas solo me queda esperar en Dios a ver que es lo que EL decide. estaremos resando por todas estas vocaciones cristianas necesarias ya sin demora. Dios proveera.
Con la fe no se soluciona nada, lo que hay allí son personas y no familias en misión que vayan a hablarles de dios.Eso de dios proveerá me suena a fanatismo religioso que te tiene cegado a tí y a muchas personas sin capacidad para ver la realidad.Si vuestro dios ha hecho que suceda esto en Haití debe ser un dios malvado y dañino ¿no?
@Rosa has leído el artículo o directamente has tirado a los tópicos? Si “Dios proveerá” es fanatismo religioso, que sepas que sale en el Génesis 22, 8. Supongo que para ti seguir lo que dice un libro viejo será “fanatismo religioso”. Lástima que tu fanatismo antirreligioso te impida entender mínimamente lo que sentimos los cristianos, porque yo sí entiendo lo que sientes tú, se llama falta de sentido de la trascendencia.
Estimada Rosa no acabo de entender la visión del Dios provocaterremotos que tienes. Los males del pueblo de Haití tienen más que ver con el egoismo del hombre que hace que este pueblo se vea inmerso en la miseria y no tenga medios suficientes (a diferencia de paises como Japón) para afrontar desastres naturales como este.
El pueblo de Haití necesita sustento material, pero no sirve de mucho sin un apoyo espiritual y la conciencia del amor al prójimo. En resumen, que se les haga llegar el mensaje de vida de Cristo.
Por un lado me alegra que los editoriales generen discusión, sana, respetuosa y sin descalificaciones. En CAMINAYVEN no le tenemos miedo a las criticas y a los punto de vista diferentes. Abogamos por el respeto y la caridad cristiana, que no pelea con nadie. El artículo surgió de una preocupación muy válida, el mundo entero se ha volcado sobre el pueblo haitiano con ayuda humanitaria, eso es lo urgente, pero lo importante es brindar a los hombres y mujeres de ese país la posibilidad de la salir de la “muerte” en la que quedaron todos. La muerte que impide al hombre salir de la peor pobreza que es la del “corazón”. El cristianimo trae consigo una promoción humana integral, pero ella es una consecuencia lógica del bautismo. El hombre nuevo que surge de las aguas bautismales conlleva una dignidad que no proviene de fuera sino de la respuesta generosa a la llamda de Dios a ser imagén y semajanza suya. Gracias a todos por los comentarios.
Entiendo muy bien a Rosa porque si no se tiene fe, y aun con ella, el dolor humano, y el de Ahití es muy grande, escandaliza y provoca desde renegar de Dios hasta preguntarle ¿Por qué, Señor? Es verdad que la ayuda humanitaria y material son, sobre todo al principio, muy necesaria. Pero yo creo que la generosidad es efectiva cuando se da hasta que te duele y eso no lo hace nadie si Dios no te lo pone en el corazón y te da las fuerzas para hacerlo (lo digo por propia experiencia). Y también es necesario, sobre todo después de que los medios de comunicación ya no hablen de Ahití y los gobiernos ya no le interese cara al público gastar dinero allí, que entonces la entrega de personas como las de las Ongs cristianas o no cristianas haga reconstruir de verdad y a la larga la miseria material (sanidad, educación, agricultura, etc.) de los cientos de miles de personas de ese país. Pero ese otro tipo de miseria como es el sufrimiento, el dolor, la desesperanza, la muerte de los seres queridos, la tristeza, etc. no la pueden quitar nadie sino es Dios (y también lo digo por propia experiencia y la de otros que he conocido) que no es quien ha provocado la probeza o los desastres sino el pecado o egoismo de las personas y la propia naturaleza. Y quienes van en nombre de Dios porque el Señor les envía a llevar la paz, el amor, la alegría, la esperanza y la fe que da sentido a todo lo que en la vida nos pasa a todos ( y yo lo he vivido en la mía) son los cientos de misioneros (sacerdotes, religiosos y laicos) que van no solo allí sino por todo el mundo dando su vida por el projimo gratis y toda la vida, no como una frase hecha sino de verdad. La pena es que de esto no hablan los medios de comunicación sino que solo lo conocemos los que hemos estado junto a ellos y hemos visto que Jesucristo les ha cambiado su vida para darla como Él en la Cruz. Y esto solo se entiende si se tiene fe.