
(CAMINAYVEN.COM) – Esta semana ha surgido un gran revuelo en España. A la presidente de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre le ha caído un chaparrón de críticas de un amplio sector de la sociedad. Se ha atrevido a incluir dentro de los comités de ética de las entidades sanitarias a sacerdotes de la Iglesia Católica, dentro del marco de un convenio firmado con el Arzobispo de Madrid.
Todos sabemos lo que pasa. Los temas éticos son tratados con mucha ligereza por los operarios de la salud, tal vez, orientados por una falsa compasión han abierto la puerta a lo que Juan Pablo II llamaba la cultura de la muerte. Es obvio que el mal moral nunca se presenta con apariencia de maldad, sino nadie se vería tentado a obrar el mal y más en este mundo ético en el que los sofismas son muy sutiles. Debajo de una apariencia de bondad se esconde una intención no tan bondadosa.
Pero la culpa de que en nuestras instituciones se pavonee el aborto y la eutanasia, con título de ciudadanía la tiene una cierta cultura de la compasión, como es obvio, mal entendida. El argumento principal de todas estas prácticas es siempre el mismo: el dolor humano es inaguantable y hay que evitarlo a toda costa, por una sencilla razón, en la vida de los hombres de nuestro tiempo el sufrimiento, el dolor, la enfermedad y la muerte no tienen sentido. Estos elementos de la vida humana sólo nos ponen ante nuestra más terrible verdad, la finitud de la existencia.
La presencia de un sacerdote católico en un comité de ética sanitaria ayudará a estas instituciones a volver sus ojos a la verdad mas profunda del sentido cristiano del sufrimiento humano, que no se reduce a una simple resignación ante el dolor y el sufrimiento, sino que abre nuevos horizontes ante situaciones lÍmites de la vida. No se pretende imponer una moral, sino proponer una nueva forma de afrontar los problemas éticos tratados en estos comités. No hay que tener miedo a que la Iglesia Católica colabore en el campo que le compete ya que ella es ”experta en humanidad“