Durante mucho tiempo he rechazado la idea de escribir sobre el derecho matrimonial, porque a mi forma de ver, el tema ha provocado mucha tinta. Pero un comentario de alguna persona me hizo pensar de otra manera. Algunos piensan que el proceso judicial por el que se declara, mediante sentencia, la nulidad de un matrimonio entre católicos es, de alguna manera, un divorcio encubierto. Este pensamiento que demuestra una gran ignorancia sobre el tema, es ante todo un gran error.
¿Porqué la Iglesia abre las puertas a este tipo de procesos sabiendo que el matrimonio entre católicos es único e indisoluble? La respuesta tiene un doble cara, por una lado, cuando algo es nulo es como si sencillamente no hubiese existido nunca, de la nada, nada se sigue, por otro lado, el fin primordial de la labor de la Iglesia es la salvación de las almas y si la declaración de la no existencia del vínculo conyugal contribuye a tal fin, habrá que empeñarse en ello.
Según el Código de Derecho Canónico, un matrimonio puede ser nulo por tres causas: un error en el consentimiento matrimonial, por la existencia de algún impedimento o por un defecto en la forma canónica exigida desde el Concilio de Trento. Los tres están debidamente regulados y nada se deja a la improvisación ni a los criterios subjetivos de los jueces eclesiásticos.
Aunque algunas nulidades has trascendido a los medios de comunicación por ser muy conocidas las partes implicadas, este no solamente es un proceso para gente famosa y adinerada, sino que puede recurrir cualquier católico que tenga serias razones para pensar que el matrimonio contraído está viciado de nulidad, para ellos, los tribunales eclesiásticos en cada diócesis abren sus puertas con la mas absoluta solicitud pastoral. También hay que decir que no es cierto que hay que tener mucho dinero para lograr este tipo de sentencias, aunque el proceso tiene un costo, porque hay que invertir recursos humanos y logísticos para ello, existe una figura que se llama el ”patrocinio gratuito“ que da a las personas de escasos recursos la posibilidad de impugnar su matrimonio nulo.
En conclusión, la Iglesia en su misión de llevar a los hombres a Cristo a través de los sacramentos, pone al alcance de todos los medios necesarios para que los hombres de todos los tiempos se alimenten de la multiforme gracia de Dios, ella que es Madre quiere que todos sus hijos lleguen al conocimiento de la verdad y una vez conocida puedan abrazarse a ella.



La Iglesia está presente en los acontecimientos más importantes de la vida, acompañando a las personas que se acercan a Dios en los momentos más importantes de la existencia humana: en los felices (matrimonio, bautismo, confirmación) y también en los dolorosos (pecado, enfermedad, muerte). Por la Iglesia, el Dios del Amor, visible en Jesucristo, se acerca a cada uno para darle sentido y esperanza.
