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‘Perdonas a los terroristas cuando eres capaz de rezar por ellos’

(COPE.ES) – La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad CEU San Pablo ha recordado los trágicos atentados del 11 de marzo con el testimonio en primera persona de la víctima Esther Sáez y la médico del SAMUR, Isabel Casado. 

Esther Sáez, que viajaba en el mismo vagón en el que estalló la bomba de tren de El Pozo, ha explicado cómo se ”reventó por dentro y ni los médicos esperaban que viviese“, – sólo le daban 24 horas de vida-. Tras 5 años de lucha y 10 operaciones —está esperando otra para los próximos meses- esta farmacéutica madre de familia irradia perdón, tranquilidad y paz. 

Los ingredientes: ser fiel a uno mismo y la fe. Así, ha animado a los universitarios a ser fieles a sí mismos, respetando que los demás pueden pensar de forma diferente y a no ser imparcial frente al terrorismo. Ha calificado a los terroristas como ”aquellas personas que no tienen ideales y se dejan influir por lo que piensan otros“.

Esther Sáez ha calificado de  ”trípode perfecto“ a los médicos —que se quedaban sin comer ni dormir por cuidarla-, a su familia —creyente y que sufrió mucho-, y a Dios.

La víctima no siente rencor porque, de tenerlo ”los terroristas hubieran conseguido su fin y yo estaría toda la vida generando un sentimiento que no me hubiera permitido crecer ni evolucionar, me hubiera quedado en silla de ruedas“. Además, ha subrayado, ”no sería sincera al rezar el Padrenuestro“. Así ha destacado que ”perdonas a los terroristas cuando eres capaza de rezar por ellos“. Para Esther un terrorista es ”una persona que se ha equivocado y puede rectificar“.  Por último, ha señalado que quiere para sus hijos ”una sociedad libre y sin rencor“. 

Por su parte, la médico del SAMUR, Isabel Casado, ha explicado su experiencia de ese día y ha  destacado cómo la sinrazón de pensar que ese horror era creado por el ser humano, era superado por la reacción y la solidaridad de la gente. Porque, ha dicho, ”hay maldad en el ser humano, pero también mucha bondad“.

Testimonio en ALFAYOMEGA.ES (6-3-2007):

«No tuve miedo; Dios llena todos los espacios»

Tiene 36 años, un hijo de 7 y otro de 5. Era investigadora farmacéutica, antes de que el atentado del 11-M la tuviera meses al borde de la muerte y le dejase graves secuelas que le impiden trabajar. Tuvo que volver a aprender a hablar, a leer, a escribir, a andar… Pero en todo momento sintió que Dios estaba con ella

Siempre he sido practicante, desde pequeña. Antes de que me pasara todo esto, estaba en un grupo católico que se llama la Legión de María. Y era una persona de acción. Solía ayudar a personas con problemas: deficientes, ancianos… Lo que hiciera falta. Siempre te crees que tienes mucha fe hasta que la vida te da este zarpazo. Y entonces es cuando verdaderamente te das cuenta de que sin Dios no puedes hacer nada.
Hay momentos muy duros. Cuando estuve en la unidad de enfermos críticos y recuperé la consciencia, sólo oía por un oído, no veía por el lado derecho, no me podía mover y no podía hablar porque tenía hecha una traqueotomía. Y, sin embargo, aunque yo oía a los médicos que decían: «No sale», no tuve miedo, porque Dios llena todos los espacios. Y como llena todos los espacios, tu vida tiene sentido, ¡más que nunca! Lo único que decía es: Mira, Señor, ya no puedo más; he luchado todo lo que he podido y ya no puedo más. Perdóname por aquellas cosas en las que no estuve a la altura. Y, sobre todo, me encantaría ser como el buen ladrón y verte. Cuando ya sentí que me moría, hubo algo en mi interior que me decía: «Esther, todavía no. Tienes que luchar». Al final, yo era la que más grave estaba en la unidad, y fui la primera que pudo subir a planta. Desde entonces, estuve mucho tiempo preguntándome: Señor, ¿qué quieres de mí? Y quiero decir a todo el mundo que siempre tenemos que tener los oídos bien abiertos para escuchar qué es lo que espera Él de nosotros.

Hace poco he empezado a dar catequesis, algo que hacía hace ya muchos años y que, por falta de tiempo, había tenido que dejar de hacer. Ahora, como ya no trabajo porque no me dejan debido a las secuelas del atentado -una minusvalía del 77%-, tengo un grupo de 11 niños y soy feliz, soy inmensamente feliz porque disfruto a pleno pulmón con las cosas pequeñas de cada día. Es increíble la oportunidad que me ha dado Dios de seguir adelante a pesar de todo. Tienes el privilegio tremendo del toque de atención en el corazón. Él me ha dado la oportunidad de seguir adelante. También podía haber dado la espalda a Dios, pero Él no me dejó. Así que, mil gracias.

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