El pasado lunes, en la Basílica vaticana, el Papa Benedicto XVI ha inaugurado el Sínodo para la Iglesia que camina en África, llega esta iniciativa en un momento en el que el continente se debate entre grandes problemas que ponen en grave riesgo la vida y el futuro de la Iglesia. Dificultades políticas y sociales asolan las naciones africanas que poseen pocos recursos para defenderse de los embates de la crisis económica mundial, el embate de las sectas y las luchas étnicas que han bañado de sangre a los pueblos de ese querido continente.
El Papa ha señalado en su homilía de la eucaristía que presidió en la Basílica de San Pedro que la Iglesia africana se ve atacada por dos graves patologías del mundo moderno: el “materialismo práctico, combinado con el pensamiento relativista y nihilista”, importadas del llamado primer mundo. La primera de las patologías hace referencia a la tendencia mundial que considera que sólo considera “bienestar” a aquello que es útil, el dinero, la calidad de vida y el placer obtenido como dé lugar se convierten en los bienes supremos del ordenamiento social. Lo que no “sirve” que no estorbe, es el slogan de una sociedad que centra su esperanza de felicidad en la materialidad de los bienes. La tiranía del bienestar materialista ha desolado el corazón de los hombres de nuestro tiempo obligando al hombre a buscar afanosamente la propia felicidad en lo efímero del placer. Si la primera patología señalada por el papa desola el corazón mismo de la esperanza cristiana que nos anima a poner nuestra confianza en “los bienes de allá arriba”, la segunda mina los cimientos de la verdad que hace libres a los hombres. EL relativismo y el nihilismo dejan a los hombres sumidos en la más absoluta depresión. Si todo es relativo, si todo queda sometido al absurdo criterio de la subjetividad, la sociedad corre el riesgo de revestirse de toda arbitrariedad. La verdad que guía los pasos de la sociedad civil queda a merced de la “mayoría” que reestructura la escala de valores que ayudan a los hombres en su buscada del bien común.
La Iglesia presenta a los hombres de todos los tiempos la Buena Noticia de Cristo, esperanza de todo hombre. La misión primordial de la comunidad cristiana en el continente africano es hacer presente el amor sin límites de Dios, que ama a toda creatura por sí misma, no por los bienes que posee y por su utilidad. Defender el carácter personal de cada hombre africano se convierte en la tarea primordial de la evangelización de los pueblos que caminan en ese continente en la que la Iglesia pone su mirada esperanzadora.
La Iglesia universal se une con la oración a los padres sinodales con la esperanza que sus y trabajos ayuden a los hombres y mujeres que peregrinan en África a ser testigos de la reconciliación, parafraseando el lema de este Sínodo Especial para Africa.



