Según un informe elaborado por el Instituto Guttmacher y la Organización Mundial de la Salud (OMS), la tasa de abortos comienza a estabilizarse tras varios años de caídas e incluso se aprecia un ligero ascenso en algunas regiones del mundo.
Richard Horton, editor de la revista británica “The Lancet”, se ha expresado en referencia a estas investigaciones, haciendo especial hincapié en lo alarmante del caso y la necesidad de unas leyes de aborto más liberales como solución.
Lo que resulta curioso es que los datos que este estudio refleja, hablan de los daños físicos e incluso muertes a las que se enfrentan las mujeres que se someten al aborto cuando lo hacen de un modo inseguro, esto es, cuando al no estar protegidas por leyes, lo realizan de un modo clandestino, pagando, a veces, con sus propias vidas como consecuencia de esta situación. Pero, por lo visto, de las 220 defunciones por cada 100.000 procedimientos llevados a cabo en EEUU, según se argumenta, no se tienen en cuenta que, a esas 100.000 vidas, que han despreciado, se les ha negado el derecho a vivir, aunque esto no debería ser sorprendente, pues parecen ser tan solo unos números que no sufren cuando se les arrebata la vida en el vientre materno. Es importante considerar que en clínicas abortivas legales también se dan casos de muertes maternas durante dichas intervenciones “seguras”.





Los tiempos que corren se han convertido en un verdadero peligro para los seres humanos. Alguno dirá que esta afirmación es algo exagerada teniendo en cuenta que la ciencia médica ha avanzado tanto que la expectativa de vida ha llegado a edades nunca antes pensadas. Estamos en el siglo de los trasplantes, de los medicamentos que hacen posible llevar una vida digna, es el tiempo de lo increíble: hace unos años una persona infectada con el VIH sólo podía esperar con mucha angustia la hora de la muerte, ahora la medicina ha logrado si no curar pero sí prolongar la vida del paciente En fin, que hoy en día estamos más seguros que sobreviviremos a casi cualquier enfermedad conocida incluida la temida gripe A1H1.
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La Iglesia está presente en los acontecimientos más importantes de la vida, acompañando a las personas que se acercan a Dios en los momentos más importantes de la existencia humana: en los felices (matrimonio, bautismo, confirmación) y también en los dolorosos (pecado, enfermedad, muerte). Por la Iglesia, el Dios del Amor, visible en Jesucristo, se acerca a cada uno para darle sentido y esperanza.

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