Así podría comenzar una pregunta sobre naturaleza en cualquier juego de agudeza cultural. Pero no estamos ahora refiriéndonos a un tablero, unas fichas, un recorrido y unas preguntas. Estamos hablando del juego de la vida y, en él, de la dimensión creyente, que para los cristianos “va de animales”.
¿Sorprendente? Puede ser. Aunque si sois capaces de continuar leyendo os daréis cuenta de que no es ninguna chifladura. Ser cristianos, ser católicos, es cosa de animales. No, no hay que ser brutos, salvajes, irracionales, no, no es eso. Se trata de hacer nuestras algunas actitudes típicas de algunas especies de nuestra fauna.
«Os envío como ovejas entre lobos; por eso sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas» (Mt 10,16), nos dice el Señor. Ya tenemos ahí los tres primeros animales con los que nos tenemos que identificar. ¡Vaya, pues sí que nos quiere Cristo, que nos compara con los animales! Pues sí, nos quiere y nos compara con los animales, vamos a ver porqué. Lee el resto del artículo


La Iglesia está presente en los acontecimientos más importantes de la vida, acompañando a las personas que se acercan a Dios en los momentos más importantes de la existencia humana: en los felices (matrimonio, bautismo, confirmación) y también en los dolorosos (pecado, enfermedad, muerte). Por la Iglesia, el Dios del Amor, visible en Jesucristo, se acerca a cada uno para darle sentido y esperanza.

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