Pensando en dos hechos recientes, que luego resumo, me han venido al recuerdo unas conocidas palabras de Juan de la Cruz: “volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance”. No voy a referirme al nivel de unión con Dios logrado por el santo carmelita, sino al nivel de nuestros pensamientos y, en consecuencia, de nuestros proyectos vitales.
Los sucedidos a los que me refería son muy distintos entre sí, pero revelan dos actitudes muy diversas para proyectar la vida. El primero es un programa de televisión de los llamados culturales: el fondo eran temas muy de nuestro tiempo: fuentes de energía que se agotan, cambio climático, crisis económica, el mundo previsible para los que nos sucedan, envejecimiento de la población europea, final de algunos recursos como la pesca, etc. Todo muy técnico, con un cierto nivel, muy real, muy estadístico. Y lo previsible resultaba catastrófico, aunque no se expresara así por los participantes en la transmisión. Lee el resto del artículo


La Iglesia está presente en los acontecimientos más importantes de la vida, acompañando a las personas que se acercan a Dios en los momentos más importantes de la existencia humana: en los felices (matrimonio, bautismo, confirmación) y también en los dolorosos (pecado, enfermedad, muerte). Por la Iglesia, el Dios del Amor, visible en Jesucristo, se acerca a cada uno para darle sentido y esperanza.

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