Pocas mujeres dan la cara como lo ha hecho ya tantas veces Esperanza Puente. Su drama se ha escuchado en la ONU, en el Congreso de los Diputados y en múltiples charlas, foros y medios de comunicación. Ahora, esta mujer valiente que no duda en llamar a las cosas por su nombre ha plasmado en papel su historia y la de otras muchas mujeres y hombres que han sufrido la destructiva experiencia del aborto. Todos los beneficios obtenidos con su libro, Rompiendo el silencio (LibrosLibres), irán destinados a la fundación RedMadre para ayudar a las mujeres embarazadas que tienen dificultades, porque, según afirma, “es injusto que España se gaste más de cuarenta millones en subvencionar centros que practican abortos y en pagar los mismos, y sin embargo para ayudar a la mujer realmente no se superan los tres millones de euros”.
Cuando Esperanza Puente abortó comenzó un proceso de autodestrucción que la llevó a maltratar a su primer hijo e incluso a lesionarse a sí misma. Años después logró superar esa espiral de violencia que estaba destrozando no sólo su vida, sino también la de las personas que tenía alrededor. Ahora vuelca sus esfuerzos en denunciar las falacias del aborto y en ayudar a aquellas mujeres embarazadas que tienen dificultades, para que reciban toda la información y los recursos que a ella le negaron.
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