“… ¡Ay del mundo a causa de los escándalos! Es inevitable que existan, pero ¡ay de aquel que los causa!” (Mt 18,7). De alguna manera los medios y la sociedad en general sienten una extraña atracción por los escándalos, se convierten en titulares y en el centro de atracción de las tertulias de café. Algunos de ellos son verdad, pero la gran mayoría vienen ya aumentados en sus verdaderas dimensiones. También es verdad que los escándalos están sujetos a la ley de causa – efecto, los escándalos no son gratuitos y lo más lamentable, es que el Evangelista nos advierte que son “inevitables”, lo único que se puede modificar es nuestra actitud frente a ellos, siendo la más común ajusticiar a los protagonistas. Lee el resto del artículo

La Iglesia está presente en los acontecimientos más importantes de la vida, acompañando a las personas que se acercan a Dios en los momentos más importantes de la existencia humana: en los felices (matrimonio, bautismo, confirmación) y también en los dolorosos (pecado, enfermedad, muerte). Por la Iglesia, el Dios del Amor, visible en Jesucristo, se acerca a cada uno para darle sentido y esperanza.

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