(Orlando Díaz Márquez — CAMINAYVEN) - Hace algunas semanas la Congregación para la Doctrina de la Fe hizo pública la Instrucción Dignitas Personae, referente a algunas cuestiones de bioética. El avance de la ciencia en el campo de la fertilidad humana ha avanzado por caminos algunas veces inciertos moralmente hablando, el texto quiere ayudar a los católicos a tener criterios claros sobre estos temas. La mencionada Congregación ha puesto al día la Instrucción Donum Vitae del 2 de febrero de 1987 incorporando nuevas cuestiones que el avance de la ciencia ha sacado a la luz pública. Son todos temas referidos al matrimonio y a la familia en relación con la trasmisión de la vida humana, por ello me parece importante que nos acerquemos detenidamente a cada uno ellos para que todos tengamos claridad en asuntos tan vitales. Empezaremos con la fecundación artificial.
El numero 12, lleva por título ”las técnicas de ayuda a la fertilidad“ y enumera tres bienes que hay que tener en cuenta: ”a) el derecho a la vida y a la integridad física de cada ser humano desde la concepción hasta la muerte natural; b) la unidad del matrimonio, que implica el respeto recíproco del derecho de los cónyuges a convertirse en padre y madre solamente el uno a través del otro; c) los valores específicamente humanos de la sexualidad, que «exigen que la procreación de una persona humana sea querida como el fruto del acto conyugal específico del amor entre los esposos“.
En el actual relativismo moral se hace difícil discernir fácilmente lo que antes era evidente, esta circunstancia hace que los católicos en general puedan confundirse a la hora de emitir un juicio moral sobre la fertilidad artificial. El primer bien al que hace referencia el documento toca un bien fundamental, el derecho a la vida. Para nadie es novedad que en la fecundación in Vitro se fecundan varios óvulos y sólo uno de ellos será viable para implantarlo en el seno materno, los demás embriones serán desechados, sobra aclarar que dichos embriones son seres humanos que son asesinados sin ninguna contemplación, lo que aparece como un bien para ayudar a los esposos con la fertilidad, se convierte en un mal al privar de la vida a seres indefensos.
El segundo bien, el respeto recíproco de los cónyuges a convertirse en padres y madres solamente el uno del otro. Se rechaza, por tanto, la fecundación artificial heteróloga, es decir, aquella fecundación en la que el espermatozoide y/o óvulo no proceden de los esposos infecundos. Resulta, por tanto inaceptable esta técnica porque excluye por completo el derecho a ser padre o madre solamente el uno del otro. En realidad y hablando claramente, los esposos que recurren a este procedimiento no son los padres de la persona generada.
El tercer bien parece un poco abstracto, se rechaza toda fecundación artificial que excluya el acto conyugal ”a manera humana“, es decir, no puede aceptarse que el procedimiento requerido se sustraiga del acto por el cual los esposos se entregan el uno a otro haciéndose ”una sola carne“. Todo ser humano nace del fruto del acto conyugal en el que se expresa la mayor muestra de donación en el matrimonio cristiano. Por tanto, ”criterio hay que excluir todas las técnicas de fecundación artificial heteróloga y las técnicas de fecundación artificial homóloga que sustituyen el acto conyugal“.
Una pregunta final para reflexionar: ¿es absoluto el derecho al hijo? Es decir, no importa lo que se haga para conseguir superar el sufrimiento de la infertilidad, convirtiéndose el hijo en un medio para obtener la propia felicidad y no como un bien en sí mismo. Este acto se convierte en egoísta y arbitrario por el solo hecho de buscar la propia realización. Para ayudar a los esposos que quieran emprender el camino de la donación como padres existe el camino de la adopción. Tantos niños en el mundo necesitan una familia que los acoja con amor y les brinde la posibilidad de crecer en el seno de una familia, es una buena forma de ser padres, sin tener que recurrir a técnicas que lesionan la dignidad del ser humano no nacido y el de sus padres.
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